11/05/2026
De: todas las madres.
Para: todos los hijos.
Hijo mío, te entregué mis días y mis noches enseñándote cómo vivir, te eduqué, te acompañé, te consolé cuando llorabas, te cumplí algunos sueños, y ahora se me hace realidad mi peor pesadilla.
En mi pecho; hay sentimientos de angustia que martirian, en mi mente; está el recuerdo de tu voz de pequeño pidiendo la bendición, llamándome “mamá”, aquello que era rutina, es lo que ahora solo me queda de ti. Sé que me sigues llamando, porque puedo escucharte en las noches cuando la soledad nos arropa aún más la piel, pero mamá ya no puede ir a abrazarte y decirte que solo fue una pesadilla, que cierres los ojos y sigas durmiendo.
Mi corazón me muestra cuando estás bien, y cruje cuando te encuentras mal, mi arma más poderosa es la persistencia y la fe, en lo que apuesto por encontrarte y tenerte en mis brazos, y aunque a veces me la quieran arrebatar, contigo aprendí que no existe mayor fuerza que la del amor. Mi amor, quieren que deje de ser tu madre, porque ellos abandonaron a sus hijos de la patria, pero yo sigo entregándote mis días y mis noches, para velar por tu vida y por tu valor, anhelando el consuelo de poder verte.
En mis ojos ya no quedan más lágrimas, las convertí en fortaleza, es mi único escudo. Te seguiré buscando y defendiendo hasta el cansancio, todos los días soy tu madre, y hoy te agradezco, porque gracias a ti, me convertí en una guerrera.