20/06/2022
Estaba estrenando mis 18 años y una cámara semi profesional que me había regalado mi papá.
El hijo de una amiga cumplía 1 año y ella quería que yo fuera la fotógrafa.
Había practicado algunas cosas antes de ir, pero estaba muy nerviosa.
Me vestí para la ocasión (jeans negros, remera negra y converse), arreglé el pelo como pude y salí. Al llegar noté que habían niñ@s corriendo por todos lados mientras gritaban y tomaban Coca Cola.
El cumpleaños fluyó muy bien, las fotos estaban quedando como quería, pero no voy a negar que estaba nerviosa porque era mi primer trabajo pago y no quería fallar.
En la mitad del cumple se cortó la luz, todos gritaron (yo también), una persona aplaudía y se reía. Decidí sacar una foto con flash, logré captar a dos niñas disfrazadas de hadas gritando con todas sus fuerzas. Yo estaba preocupada porque la luz no volvía y capaz perdía ese trabajo.
Esa media hora sin luz fue intensa, no sabía qué hacer y no me llevaba bien con la oscuridad.
Al rato volvió la luz, tod@s estábamos felices, clic por acá, clic por allá y llegó la hora de cortar la torta. Este momento es muy importante para quien está registrando el cumpleaños, tiene que ser la foto perfecta porque es la que se guarda para siempre. Recordemos que el niño tenía 1 año y realmente no tenía idea donde estaba ni que estaba pasando.
Cantaron el "que los cumplas feliz" una en español y otra en inglés jajajaja, la cámara estaba al rojo vivo, disparando nivel principiante en Counter Strike.
Apenas terminó el momento de la torta, la madre me pregunta: "¿Pudiste sacar fotos cuando el bebé sopló las velitas?", mi corazón paró y empezó a aparecer una película de ese momento. El niño nunca sopló las velitas, fue su padre quien sopló en las dos canciones, el niño lloró de miedo mientras las personas cantaban y a nadie le importó.
Ese trabajo nunca me lo pagaron porque faltó una foto, ESA FOTO, que nunca existió, pero para mi amiga si y lo peor de todo es que para el padre del niño también.