04/07/2026
Ese corazoncito verde que aparece ahí, en medio de todas las hojas secas… como que me frenó un segundo.
Soy una total principiante en jardinería. Empecé recogiendo hojas muertas, limpiando lo que antes —sin exagerar— era como un monte abandonado, un micro hábitat lleno de vida. Y sí, al principio uno piensa “esto no se ve bien”, hay que ordenarlo, arreglarlo…
Pero poco a poco, sin darme cuenta, fueron desapareciendo cosas.
Ya no veo las ranas, ni los sapos, ni las mariposas. Los patos dejaron de venir. Hasta las culebras (no, no venenosas 😅) ya no aparecen. Y mi gato… se fue al patio del vecino, porque aquí ya no tiene dónde esconderse ni protegerse del sol.
Hace dos noches vi una zarigüeya bebé, de noche, buscando comida… y se me quedó eso en la cabeza.
Entonces me pongo a pensar… esto mismo, en pequeño, es lo que pasa en la ciudad. Construimos más casas, centros comerciales, carreteras… “limpiamos” para que se vea mejor. Y en ese proceso, todo lo demás va desapareciendo.
Venados que ya no están. Tortugas tratando de cruzar carreteras… donde a veces no ser tan rápidas puede ser o no su salvación. Ardillas, mapaches, zorros… cada vez menos abejas, menos pájaros.
Y uno se pregunta… ¿esto es supervivencia del más fuerte? ¿o simplemente estamos arrasando con todo?
Porque al final, si lo ves bien, ese pequeño proceso que empezó en mi jardín… es el mismo que está pasando en todo el planeta.
Pero ese corazoncito verde también me dice otra cosa.
Que todavía hay vida intentando quedarse. Que todavía hay oportunidad.
Ahora mi misión es otra… reconstruir este micro hábitat, con más conciencia. Dejar espacios, permitir que vuelva la vida. Encontrar ese equilibrio donde tanto la naturaleza como yo podamos convivir.