El Despertar TV

El Despertar TV Contenido educativo y de reflexión, gracias por el apoyo, hazlo suscribiéndote ⬇️
(2)

Juan 4 registra que Jesús reveló información precisa sobre la vida de una mujer samaritana. El episodio ha dado origen a...
08/09/2026

Juan 4 registra que Jesús reveló información precisa sobre la vida de una mujer samaritana. El episodio ha dado origen a dos interpretaciones principales: una sostiene que Jesús se refirió a cinco hombres con quienes ella había estado casada; la otra entiende los cinco maridos como una representación de antiguos dioses samaritanos. La conclusión debe proceder del texto y de su contexto, no solamente de las posibilidades simbólicas que puedan construirse alrededor del relato.

¿QUÉ DIJO EXACTAMENTE JESÚS?

En Juan 4:16, Jesús le dijo:

“Ve, llama a tu marido, y ven acá”.

La mujer respondió en el versículo 17:

“No tengo marido”.

Jesús confirmó que su respuesta era correcta y explicó por qué:

“Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad”.

La secuencia es importante. Primero se menciona al marido que debía ser llamado; después, la mujer declara que no tenía marido; finalmente, Jesús diferencia entre cinco maridos anteriores y el hombre que tenía en ese momento.

¿QUÉ DICE EL TEXTO GRIEGO?

Juan 4:18 expresa:

πέντε γὰρ ἄνδρας ἔσχες καὶ νῦν ὃν ἔχεις οὐκ ἔστιν σου ἀνήρ

La expresión puede traducirse: “Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido”.

La palabra traducida como “maridos” es ἄνδρας, *ándras*, forma acusativa plural de ἀνήρ, *anḗr*. Este término puede significar “hombre” o “marido”, según el contexto. En el mismo versículo aparece también ἀνήρ en singular para referirse al hombre que no era su marido.

El sentido matrimonial no depende exclusivamente del diccionario. Lo determina la conversación completa. Jesús le ordenó llamar a su marido, ella afirmó que no tenía marido y Jesús confirmó que cinco hombres habían ocupado anteriormente esa condición. El sexto hombre mencionado se distingue expresamente de ellos: “el que ahora tienes no es tu marido”.

¿ERAN CINCO HOMBRES EN SU VIDA?

La lectura directa indica que eran cinco hombres con quienes había estado casada. Jesús no dijo que había tenido cinco amantes ni que mantenía cinco relaciones al mismo tiempo. Utilizó la palabra “maridos” y posteriormente aclaró que el hombre presente no poseía esa condición.

La afirmación “el que ahora tienes no es tu marido” permite reconocer dos situaciones diferentes. Los primeros cinco fueron identificados como maridos; el hombre actual no lo era. Convertir a todos en amantes o relaciones ilícitas elimina la distinción establecida por el propio texto.

¿PODÍA UNA MUJER SAMARITANA CASARSE VARIAS VECES?

Los samaritanos reconocían el Pentateuco como su texto sagrado. Deuteronomio 24:1-4 contempla el divorcio y la posibilidad de que una mujer repudiada llegara a ser esposa de otro hombre. La disposición prohíbe que regrese al primer marido después de haber contraído un matrimonio intermedio, pero no establece una cantidad máxima de matrimonios sucesivos.

Por consiguiente, haber tenido cinco maridos no demuestra por sí solo promiscuidad. Juan no informa si aquellos matrimonios terminaron por viudez, divorcio, repudio u otras circunstancias. Tampoco identifica quién tomó esas decisiones.

El relato solamente permite afirmar que había tenido cinco maridos y que el hombre actual no era su marido. Cualquier reconstrucción adicional de su conducta requiere datos que el evangelio no proporciona.

¿LOS CINCO MARIDOS ERAN CINCO DIOSES?

Esta interpretación se construye relacionando Juan 4 con 2 Reyes 17. Después de la caída del reino del norte, el rey de Asiria trasladó a las ciudades de Samaria poblaciones procedentes de Babilonia, Cuta, Ava, Hamat y Sefarvaim. Como el pasaje menciona cinco lugares de procedencia, algunos intérpretes los relacionan con los cinco maridos de la mujer.

Según esta lectura, la mujer representaría simbólicamente a Samaria y sus cinco maridos representarían los cultos extranjeros introducidos en la región. El hombre que no era su marido ha sido interpretado de distintas maneras dentro de la misma propuesta.

Sin embargo, 2 Reyes 17 no menciona cinco dioses. El capítulo enumera a Sucot-benot, Nergal, Asima, Nibhaz, Tartac, Adramelec y Anamelec. Son siete nombres vinculados con los pueblos trasladados a Samaria. El número cinco procede de contar los lugares de origen, no las divinidades mencionadas.

Juan tampoco indica que la mujer personifique colectivamente a Samaria ni que la palabra “maridos” deba sustituirse por “dioses”. Esa asociación surge al combinar posteriormente ambos relatos, pero no forma parte de la explicación ofrecida dentro de Juan 4.

¿DE DÓNDE SURGIÓ ESTA INTERPRETACIÓN Y POR QUÉ SE DIFUNDIÓ?

No resulta sencillo atribuir esta interpretación a un único autor. Se desarrolló a partir de una lectura alegórica que relaciona la historia religiosa de Samaria con la conversación del pozo. Su difusión se debe, principalmente, a la coincidencia entre los cinco maridos y los cinco pueblos mencionados en 2 Reyes 17:24.

La conexión parece profunda porque transforma una información personal en una referencia a siglos de sincretismo samaritano. No obstante, su fuerza depende de una coincidencia numérica incompleta: cinco pueblos son convertidos en cinco dioses, aunque el relato de Reyes enumera siete divinidades.

Una explicación ingeniosa todavía debe demostrar que corresponde con las señales literarias del pasaje. En este caso, Juan presenta una conversación sobre la vida de una mujer, utiliza vocabulario matrimonial y registra inmediatamente la reacción personal producida por aquella revelación.

¿POR QUÉ JESÚS LE REVELÓ SU HISTORIA?

La respuesta aparece en Juan 4:19. Después de escuchar la información sobre sus matrimonios, la mujer declaró:

“Señor, me parece que tú eres profeta”.

La revelación permitió que reconociera que Jesús poseía un conocimiento que ella no le había proporcionado. Posteriormente regresó a la ciudad y dijo:

“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”.

Juan 4:39 añade que muchos samaritanos creyeron por el testimonio de la mujer, quien repetía que Jesús le había dicho todo cuanto había hecho. El dato sobre sus relaciones anteriores cumplió una función dentro del relato: demostrar el conocimiento de Jesús y conducirla a reconocer inicialmente su condición profética.

En conclusión, los cinco maridos eran cinco hombres con quienes la mujer había estado casada. La frase “el que ahora tienes no es tu marido” diferencia claramente esos matrimonios anteriores de su situación presente. El evangelio no explica cómo terminaron los cinco matrimonios ni ofrece fundamento para construir una historia de promiscuidad alrededor de ella.

La interpretación de los cinco dioses procede de asociar Juan 4 con los cinco pueblos de 2 Reyes 17, pero ese capítulo menciona siete divinidades y Juan no establece dicha relación. Jesús reveló información real de la vida de aquella mujer. Ella comprendió el alcance de lo ocurrido: reconoció que estaba delante de un profeta porque él conocía su historia sin que ella se la hubiera contado.

A esta mujer se le recuerda principalmente como “la mujer samaritana” o “la mujer de los cinco maridos”. Ambas expresion...
08/09/2026

A esta mujer se le recuerda principalmente como “la mujer samaritana” o “la mujer de los cinco maridos”. Ambas expresiones proceden de datos incluidos en Juan 4, pero ninguna describe la función que terminó desempeñando dentro del relato.

Juan establece esa función en el versículo 39:

“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio”.

Esta afirmación constituye la valoración directa del evangelista. La mujer habló acerca de Jesús ante los habitantes de su ciudad, su mensaje produjo una respuesta pública y muchos creyeron inicialmente por medio de su testimonio.

El texto griego dice:

πολλοὶ ἐπίστευσαν εἰς αὐτὸν τῶν Σαμαριτῶν διὰ τὸν λόγον τῆς γυναικὸς μαρτυρούσης.

La expresión διὰ τὸν λόγον τῆς γυναικός, *dià tòn lógon tês gynaikós*, significa “por la palabra de la mujer”. La preposición διά seguida del acusativo señala el medio o la causa por la cual ocurrió algo. Juan atribuye directamente a su palabra la respuesta inicial de muchos samaritanos.

El participio μαρτυρούσης, *martyróusēs*, procede del verbo μαρτυρέω, *martyréō*: testificar, declarar o presentar testimonio. Este verbo posee una importancia particular en el cuarto Evangelio. Se utiliza para el testimonio de Juan el Bautista, de las obras de Jesús, de las Escrituras, del Padre, del Espíritu y de los discípulos. Al emplearlo para esta mujer, Juan incorpora su palabra dentro de la estructura testimonial de su obra.

Su declaración pública aparece en Juan 4:29:

“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?”.

El mensaje contenía una invitación, una identificación posible y una referencia directa a Jesús. Los habitantes no permanecieron indiferentes. Juan 4:30 afirma que salieron de la ciudad y se dirigieron hacia él.

Dentro de la secuencia del cuarto Evangelio, ella es la primera mujer cuyo testimonio acerca de Jesús moviliza a una comunidad completa. No aparece hablando exclusivamente con familiares ni comunicando el mensaje dentro de un espacio privado. Se dirige a los habitantes de la ciudad y su palabra produce un resultado que el narrador considera suficientemente importante para registrarlo.

Juan diferencia entre la respuesta producida por el testimonio de la mujer y la convicción posterior de los samaritanos. Primero declara que muchos creyeron “por la palabra de la mujer”. Después afirma que muchos más creyeron al escuchar directamente a Jesús. Finalmente, ellos expresaron:

“Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído”.

La expresión “ya no solamente” presupone que su testimonio había sido el punto inicial. La experiencia directa de los samaritanos amplió y confirmó aquello que conocieron mediante ella. El evangelista no elimina su participación cuando introduce la palabra de Jesús; establece la relación entre el testimonio que conduce al encuentro y el encuentro que produce una convicción propia.

La dimensión pública de su actividad resulta todavía más significativa por el lugar donde ocurrió. Los samaritanos constituían una comunidad religiosa con identidad propia, vinculada con el Pentateuco, la descendencia de Israel y el culto en el monte Gerizim. La mujer comunicó el mensaje dentro de su propio entorno cultural y se convirtió en el vínculo inicial entre Jesús y los habitantes de aquella ciudad.

El relato tampoco presenta a los discípulos realizando esa función en Samaria. Mientras ellos aparecen ocupados con la comida, la población comienza a salir de la ciudad debido a la palabra de la mujer. En ese mismo contexto, Jesús habla de campos preparados para la siega y de personas que participan en una labor que otros continuarán.

Juan no registra un púlpito, una ordenación o una estructura eclesiástica. Registra algo anterior a todas esas categorías: una mujer hablando públicamente acerca de Jesús y una comunidad respondiendo a su testimonio. Su función se encuentra determinada por lo que hizo y por el resultado que el propio evangelista le atribuye.

La forma tradicional de nombrarla ha colocado el énfasis en su procedencia y en la referencia a los cinco maridos. Juan coloca el énfasis final en otro dato: muchos samaritanos creyeron por su palabra.

En conclusión, la mujer de Juan 4 no ocupa únicamente el lugar de receptora de una enseñanza. Dentro del relato se convierte en testigo y comunicadora pública de aquello que había conocido acerca de Jesús. Fue la primera mujer en el cuarto Evangelio cuya palabra condujo a una comunidad hacia él. La tradición la recuerda por los cinco maridos; Juan la identifica por el efecto de su testimonio.

Los encabezados colocados sobre los pasajes bíblicos, los números grandes que identifican los capítulos y los números pe...
08/09/2026

Los encabezados colocados sobre los pasajes bíblicos, los números grandes que identifican los capítulos y los números pequeños que señalan los versículos no fueron escritos por los autores. Pertenecen al proceso posterior de transmisión y edición de la Biblia. Su función consiste en organizar el contenido y facilitar su localización; no poseen autoridad para determinar el significado, el contexto o el género literario de un pasaje.

Estos elementos forman parte de lo que se conoce como paratexto. El paratexto comprende los recursos colocados alrededor del texto principal para facilitar su lectura y consulta: títulos, subtítulos, numeración, notas, referencias e índices. Aunque resultan útiles, deben distinguirse de las palabras que pertenecen al documento bíblico.

Las antiguas copias de la Biblia ya contenían diferentes formas de organización. En la tradición hebrea existían las *parashot*, secciones delimitadas mediante espacios abiertos o cerrados, además de otros sistemas relacionados con la lectura pública. La tradición masorética conservó las divisiones de los versículos y señaló su terminación mediante el *sof pasuq*. Sin embargo, aquellas divisiones no utilizaban todavía el sistema moderno de capítulos y números impresos.

Los copistas del Nuevo Testamento también incorporaron diferentes recursos para facilitar la lectura. Algunos manuscritos emplearon signos marginales, cambios en el tamaño de las letras y separaciones entre unidades. Posteriormente aparecieron los κεφάλαια, *kephálaia*, y los τίτλοι, *títloi*, utilizados para organizar determinadas secciones. También se desarrollaron las secciones amonianas y los cánones de Eusebio, que permitían localizar y comparar relatos paralelos entre los cuatro evangelios.

Estos sistemas fueron incorporados durante el proceso de transmisión manuscrita. No procedían de Mateo, Marcos, Lucas, Juan ni de los demás autores bíblicos. Tampoco coincidían necesariamente con los capítulos empleados actualmente. Un mismo libro podía circular con diferentes formas de organización.

La división en capítulos que todavía utilizamos comenzó a consolidarse a comienzos del siglo XIII y se atribuye tradicionalmente a Stephen Langton, maestro de teología en París y posteriormente arzobispo de Canterbury. El sistema se difundió mediante las Biblias producidas en París y terminó convirtiéndose en un método común de referencia.

Los estudios históricos hablan de una atribución a Langton porque existieron otros sistemas anteriores y no se conserva un documento en el que él declare haber creado por sí solo todas las divisiones. Lo que puede afirmarse es que la organización relacionada con su trabajo fue la que terminó imponiéndose en las Biblias occidentales.

Las ediciones impresas del texto hebreo también adoptaron esos capítulos durante el siglo XVI para facilitar la consulta y la elaboración de concordancias. Por tanto, los números grandes que actualmente identifican los capítulos proceden de un sistema medieval aplicado posteriormente tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento.

El número 16 colocado antes de Lucas 16 no fue escrito por Lucas. Indica una división añadida muchos siglos después de la composición del Evangelio. Por esta razón, el comienzo o el final de un capítulo no siempre coincide con el inicio o la conclusión del argumento desarrollado por el autor.

La historia de los números pequeños es diferente. La tradición hebrea ya reconocía unidades equivalentes a los versículos y conservaba sus límites mediante la lectura y la acentuación masorética. Lo que se incorporó posteriormente fue su numeración sistemática mediante cifras colocadas en el texto o en los márgenes.

En 1528, el dominico y especialista en lenguas bíblicas Sante Pagnini publicó en Lyon una Biblia latina con versículos numerados. Las divisiones utilizadas en el Antiguo Testamento correspondían en gran medida con la tradición masorética. Su organización del Nuevo Testamento, sin embargo, no fue la que finalmente se impuso.

Robert Estienne, conocido también como Stephanus, publicó en 1551 un Nuevo Testamento griego con versículos numerados. Ese sistema constituye la base de la numeración utilizada actualmente en el Nuevo Testamento. La Biblia de Ginebra de 1560 fue la primera Biblia completa en inglés que empleó los capítulos y la versificación de Estienne, contribuyendo a su difusión.

Los números pequeños tampoco convierten cada versículo en una declaración independiente. Su finalidad es proporcionar una dirección precisa. La referencia “Lucas 16:19” permite localizar una oración, pero el número 19 no establece por sí mismo dónde comienza una enseñanza ni separa esa oración de lo escrito antes y después.

Los encabezados descriptivos tienen otra historia. Algunos manuscritos antiguos ya contenían encabezados organizativos que indicaban el nombre del libro o permitían localizar secciones. Los títulos que resumen el contenido de un pasaje, semejantes a los utilizados actualmente, comenzaron a difundirse especialmente con las Biblias impresas del siglo XVI.

Los editores colocaron palabras o frases que permitían identificar rápidamente los asuntos tratados en cada página. Con el tiempo, esas indicaciones dieron origen a muchos de los títulos y subtítulos que aparecen en las Biblias modernas. Su redacción depende del comité de traducción, la editorial y la edición utilizada.

Algunas versiones identifican al personaje principal; otras destacan el tema doctrinal o clasifican el género literario. Por esta razón, una misma narración puede recibir encabezados diferentes. El título constituye una propuesta editorial acerca del contenido del segmento, no una declaración escrita por el autor bíblico.

Incluso algunas traducciones advierten en sus prefacios que los encabezados fueron añadidos como ayuda, que no forman parte del texto y que no deben utilizarse para imponer una interpretación. A pesar de esta advertencia, muchas personas comienzan su estudio aceptando como verdadera la clasificación proporcionada por el título.

Primero leen el encabezado y después interpretan todos los versículos desde esa categoría. De esa manera, una decisión editorial termina controlando la comprensión del pasaje. Además, el lector suele limitar su análisis a los versículos colocados debajo del subtítulo, aunque el argumento pueda haber comenzado antes o continuar después.

Lucas 16:19-31 demuestra este problema. La Reina-Valera 1960 coloca sobre el pasaje el encabezado “El rico y Lázaro”. Algunas personas utilizan la ausencia de la palabra “parábola” para afirmar que Lucas estaba registrando una historia literal.

La Nueva Traducción Viviente, en cambio, titula el mismo segmento “Parábola del rico y Lázaro”. Otras ediciones utilizan “Parábola del rico y del pobre Lázaro”. El texto griego no contiene ninguno de esos encabezados. Lucas 16:19 comienza directamente:

Ἄνθρωπος δέ τις ἦν πλούσιος

“Había cierto hombre rico”.

Si el encabezado tuviera autoridad interpretativa, el pasaje cambiaría de género al cambiar de Biblia: sería una historia literal en una edición y una parábola en otra. Esto demuestra que la naturaleza del relato no puede establecerse mediante una frase añadida por los editores.

La formulación de Lucas 16:19 también debe compararse con Lucas 16:1, donde comienza la parábola del administrador:

Ἄνθρωπός τις ἦν πλούσιος

“Había cierto hombre rico”.

Expresiones semejantes aparecen en Lucas 15:11: “Cierto hombre tenía dos hijos”, y en Lucas 14:16: “Cierto hombre hizo una gran cena”. El género del relato debe examinarse mediante su forma literaria, su vocabulario, su relación con las demás enseñanzas de Jesús y el contexto general de Lucas 16. La presencia o ausencia de una palabra en el encabezado no constituye evidencia textual.

El mismo procedimiento hizo que el hombre de Marcos 5 fuera identificado tradicionalmente como “el endemoniado gadareno”. La designación destaca su condición inicial y omite la actividad que Marcos registra después de su restauración. Cuando el título controla la lectura, la atención se concentra en los demonios y se reduce la importancia de la encomienda que recibió y de su proclamación en la Decápolis.

Los encabezados pueden utilizarse para localizar un asunto y obtener una orientación inicial. Los capítulos y versículos permiten citar, comparar y encontrar rápidamente una sección. Esa es su función. Para interpretar debe leerse el texto completo, comprobar dónde comienza realmente el argumento y distinguir las palabras del autor de las indicaciones añadidas por copistas, traductores y editores.

EL EVANGELISTA GADARENOEl personaje de Marcos 5 constituye un ejemplo de cómo la tradición puede convertir una condición...
08/09/2026

EL EVANGELISTA GADARENO

El personaje de Marcos 5 constituye un ejemplo de cómo la tradición puede convertir una condición temporal en la identidad permanente de una persona. Su nombre no fue registrado, pero durante siglos ha sido presentado como “el endemoniado gadareno”. Esa designación permite localizar el episodio, aunque solamente informa cómo se encontraba cuando Jesús llegó a la región. No comunica la condición en la que terminó ni la actividad que posteriormente desarrolló.

Marcos describe inicialmente a un hombre dominado por espíritus impuros, separado de la población y viviendo entre los sepulcros. Después de la intervención de Jesús, quienes llegaron al lugar lo encontraron “sentado, vestido y en su juicio cabal”. La expresión griega σωφρονοῦντα, *sōphronoûnta*, señala que había recuperado la capacidad de pensar con sensatez y ejercer dominio sobre sí mismo.

Cuando Jesús se disponía a subir a la barca, Marcos ya no presenta la posesión como su condición actual. En Marcos 5:18 utiliza la expresión ὁ δαιμονισθείς, *ho daimonistheís*, un participio aoristo pasivo que puede traducirse como “el que había estado endemoniado”. La construcción dirige la atención hacia una condición anterior. En ese momento se encontraba restaurado y solicitaba permanecer con Jesús.

Sin embargo, Jesús le dio una encomienda específica:

“Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”.

El verbo ἀπαγγέλλω, *apangéllō*, significa anunciar, informar o comunicar un acontecimiento. El hombre debía regresar al entorno donde era conocida su condición anterior y explicar lo que había ocurrido. La población dispondría así del testimonio de alguien cuya situación podía comprobar directamente.

Marcos 5:20 informa lo que hizo después:

“Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban”.

Para describir su actividad, Marcos utiliza el verbo κηρύσσω, *kērýssō*, que significa proclamar públicamente o actuar como heraldo. Jesús le había indicado que hablara con los suyos, pero el hombre extendió esa proclamación por la Decápolis. El relato, por tanto, no termina únicamente con su liberación. También registra la encomienda que recibió y su cumplimiento.

La Decápolis comprendía varias ciudades de cultura predominantemente grecorromana, ubicadas principalmente al oriente y sureste del mar de Galilea. Se trataba de un territorio de considerable influencia gentil. La proclamación de aquel hombre permitió que lo sucedido con Jesús fuera conocido más allá de su casa y dentro de una región completa. Marcos añade que quienes lo escuchaban se maravillaban.

Este dato adquiere importancia al observar el desarrollo posterior del Evangelio. En Marcos 5:17, los habitantes de la región habían pedido a Jesús que se marchara. Jesús salió del territorio, mientras el hombre permaneció allí proclamando lo ocurrido. Más adelante, Marcos 7:31 registra el regreso de Jesús por la región de Decápolis. En esa ocasión, algunas personas llevaron ante él a un hombre sordo y con dificultades para hablar, y le rogaron que pusiera la mano sobre él.

Marcos no declara expresamente que la proclamación del gadareno haya sido la causa directa de aquella recepción posterior. No obstante, la secuencia narrativa presenta un dato que no debe omitirse: entre la salida de Jesús y su regreso a Decápolis, el evangelista registra la actividad pública de este hombre por toda la región. Su proclamación forma parte del proceso mediante el cual la población llegó a conocer lo que Jesús había hecho.

La tradición popular ha concedido mayor importancia a los demonios que tuvo que a la actividad que desarrolló después. Se predica ampliamente sobre su permanencia entre los sepulcros, su fuerza y las cadenas que rompía, mientras Marcos 5:20 suele recibir mucha menos atención. Como resultado, una condición ya terminada se convirtió en su identificación mundial, mientras su proclamación en la Decápolis quedó reducida a un detalle secundario.

El problema no se encuentra en mencionar que había estado endemoniado, porque ese dato pertenece al relato. El problema aparece cuando esa etapa se utiliza para definir completamente al personaje. Marcos también informa que fue restaurado, recibió una encomienda, regresó con los suyos y proclamó públicamente por la Decápolis lo que Jesús había hecho por él.

En conclusión, la historia de este hombre no debe quedar determinada por los demonios que tenía. La tradición lo identificó por su condición anterior, pero Marcos concluye presentándolo restaurado y proclamando en la Decápolis. Su actividad contribuyó a que lo sucedido con Jesús fuera conocido en una región a la que posteriormente Jesús regresó.

La palabra παράβολή (parabolḗ) está relacionada con el verbo παραβάλλω (parabállō), formado por παρά, “junto a”, y βάλλω...
08/05/2026

La palabra παράβολή (parabolḗ) está relacionada con el verbo παραβάλλω (parabállō), formado por παρά, “junto a”, y βάλλω, “poner, arrojar o colocar”. Su sentido fundamental consiste en colocar una realidad junto a otra para que la comparación permita descubrir una relación, una diferencia o una verdad que no había sido expresada directamente.

Una parábola puede presentar sembradores, comerciantes, jueces, propietarios, deudores, trabajadores, mujeres que buscan objetos perdidos o familias divididas. La narración no depende de que esos personajes puedan identificarse históricamente. Su valor procede de la realidad que coloca delante del oyente y de la respuesta que provoca en él.

Por esta razón, la naturaleza parabólica de un relato no convierte su enseñanza en algo irreal. Cuando Jesús habló del trigo y la cizaña, empleó una escena agrícola, pero después explicó que la cosecha representaba la consumación de la era, los segadores eran los ángeles y la separación correspondía al juicio. La historia era parabólica; la verdad escatológica comunicada por ella formaba parte de su enseñanza.

La definición popular de una parábola como “una historia terrenal con significado celestial” resulta útil, pero incompleta. No todas las parábolas son historias desarrolladas ni todos sus temas pertenecen exclusivamente a una realidad celestial. En Lucas 4:23, el dicho “Médico, cúrate a ti mismo” recibe el nombre de parabolḗ. En Lucas 6:39, la pregunta acerca de un ciego que guía a otro también es presentada como parábola. El término podía abarcar comparaciones, proverbios, imágenes breves, enigmas y narraciones más extensas.

Jesús tampoco inventó esta forma de enseñanza. Mucho antes de su nacimiento, diferentes culturas ya utilizaban relatos, comparaciones, fábulas, proverbios y enigmas para transmitir sabiduría, denunciar abusos, formar gobernantes y conducir al oyente hacia una conclusión sin expresarla inicialmente de manera directa.

En Mesopotamia se han conservado tablillas de finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio antes de Cristo que contienen proverbios, acertijos, fábulas y poemas de disputa. En obras como “El debate entre la oveja y el grano”, dos elementos de la vida cotidiana son personificados y presentan argumentos acerca de su utilidad y superioridad. Otros textos enfrentan al ave con el pez, al verano con el invierno, al cobre con la plata o al azadón con el arado.

Estas composiciones no son idénticas a las parábolas de Jesús, pero pertenecen a la misma historia antigua de la enseñanza indirecta. En lugar de presentar una conclusión abstracta, colocaban personajes, animales, plantas u objetos dentro de una situación que obligaba al público a comparar, evaluar y decidir.

En Egipto, la literatura sapiencial también utilizó narraciones y discursos figurados para enseñar acerca del orden, la justicia y la conducta. “El campesino elocuente”, conservado en manuscritos del Reino Medio, cuenta la historia de un hombre pobre que es despojado de sus bienes y presenta repetidos discursos ante una autoridad para exigir justicia. El relato combina narración, ironía, metáforas y reflexión política. Su propósito no se limita a contar lo que le ocurrió a un campesino; convierte su situación en una exploración acerca de la responsabilidad de quien administra justicia.

Las instrucciones egipcias atribuidas a sabios como Ptahhotep y Amenemope emplearon proverbios, imágenes y comparaciones tomadas de la vida diaria para formar a funcionarios y escribas. El principio era claro: una realidad conocida podía colocarse al lado de una enseñanza ética para facilitar su comprensión y conservación.

En Grecia se desarrolló la tradición de las fábulas atribuidas a Esopo, vinculada convencionalmente con el siglo VI antes de Cristo. En ellas, animales y objetos actuaban como seres humanos para exponer la necedad, la ambición, el abuso de poder o las consecuencias de determinadas decisiones. La fábula solía terminar con una enseñanza moral reconocible.

La fábula y la parábola comparten el uso de la comparación y la narración indirecta, aunque generalmente funcionan de manera diferente. La fábula permite que animales, plantas u objetos hablen y actúen como seres humanos. Las parábolas de Jesús suelen desarrollarse dentro de situaciones humanas posibles: sembrar, trabajar, prestar dinero, asistir a una boda, perder una moneda, administrar una propiedad o enfrentar un conflicto familiar. La escena parece cotidiana hasta que aparece una decisión, una inversión o un desenlace que obliga a reconsiderarla.

La tradición más cercana a Jesús se encuentra en el מָשָׁל (māšāl) hebreo. Este término posee un campo semántico más amplio que nuestra palabra “parábola”. Puede designar un proverbio, una comparación, una fábula, una sátira, un discurso figurado, un enigma o una narración con enseñanza. Cuando las Escrituras hebreas fueron traducidas al griego, parabolḗ se convirtió en una de las palabras utilizadas para traducir māšāl.

El Antiguo Testamento contiene ejemplos claros. En Jueces 9, Jotam cuenta que los árboles buscaron un rey. El olivo, la higuera y la vid rechazaron abandonar su función, mientras la zarza aceptó gobernarlos y terminó amenazando con fuego a quienes no se refugiaran bajo su sombra. Los árboles no constituyen el tema real de la historia. La fábula denuncia la elevación de Abimelec y la insensatez de quienes lo habían proclamado rey.

En 2 Samuel 12, Natán se presentó ante David y le habló de un hombre rico que poseía muchos rebaños y de un pobre que solamente tenía una pequeña oveja. El rico tomó la oveja del pobre para preparar alimento a un visitante. David escuchó, se indignó y pronunció juicio contra aquel hombre. Entonces Natán declaró: “Tú eres aquel hombre”.

La narración permitió que David emitiera una sentencia antes de reconocer que estaba juzgando su propia conducta. Natán no comenzó con una acusación directa; construyó una escena en la que el rey participó emocionalmente y terminó revelándose a sí mismo. Esta es una de las capacidades más importantes de la parábola: conduce al oyente a tomar posición antes de que descubra que la enseñanza lo incluye.

Ezequiel 17 une expresamente el māšāl con el חִידָה (ḥidāh), el enigma. El profeta presenta una gran águila que toma la copa de un cedro y una vid que dirige sus raíces hacia otra águila. La imagen necesitaba interpretación, porque representaba reyes, alianzas y decisiones políticas. La enseñanza estaba presente desde el principio, pero permanecía oculta para quien solamente escuchara una historia acerca de aves y plantas.

Por tanto, la parábola bíblica posee una doble capacidad. Comunica una verdad y, al mismo tiempo, evita entregarla de manera inmediata. Quien reconoce la comparación puede avanzar hacia su significado. Quien se conforma con la superficie recibe solamente la narración.

Jesús heredó esta tradición profética y sapiencial, pero la utilizó con una fuerza particular para anunciar el Reino de Dios, confrontar estructuras religiosas, revelar la condición humana y exigir una respuesta. Sus parábolas no eran adornos colocados dentro de un discurso. Muchas veces constituían el discurso mismo.

El ambiente de sus historias procedía de la vida de Galilea y Judea. Semillas caían en terrenos diferentes. Los trabajadores esperaban ser contratados en la plaza. Los propietarios arrendaban viñas y viajaban. Las familias negociaban herencias. Las mujeres molían harina y encendían lámparas. Los pastores contaban sus ovejas. Los pescadores separaban lo útil de lo que debía desecharse. Los deudores podían terminar en prisión y las bodas dependían de una preparación que no podía improvisarse a última hora.

La familiaridad de esas escenas permitía que personas sin educación especializada siguieran la narración. Sin embargo, reconocer los objetos y las costumbres no garantizaba comprender la enseñanza. La parábola podía ser sencilla en su vocabulario y exigente en su significado.

La historia del buen samaritano comienza respondiendo a la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”. Jesús no ofrece una definición jurídica. Presenta a un hombre herido, a dos representantes religiosos que pasan de largo y a un samaritano que se detiene. Al final cambia la pregunta: “¿Quién de estos tres fue el prójimo?”. El intérprete de la Ley había preguntado quién merecía ser incluido dentro de la categoría; la parábola lo obliga a pensar en quién está dispuesto a comportarse como prójimo.

En la parábola de los labradores malvados, Jesús habla de una viña, unos arrendatarios, los siervos enviados por el propietario y finalmente su hijo. Los principales sacerdotes y los fariseos comprendieron que hablaba de ellos. La parábola no siempre impedía entender. En ocasiones permitía que los destinatarios reconocieran perfectamente la acusación, aunque rechazaran su contenido.

La función de ocultar aparece de manera particular en Marcos 4. Después de narrar la parábola del sembrador ante una gran multitud, Jesús declara: “El que tiene oídos para oír, oiga”. La frase señala que escuchar sonidos y comprender el mensaje son actos diferentes.

Marcos continúa diciendo:

“Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre las parábolas”.

El texto no limita la pregunta a los Doce. La expresión οἱ περὶ αὐτὸν σὺν τοῖς δώδεκα (hoi perí autón syn tois dṓdeka) incluye a “los que estaban alrededor de él junto con los Doce”. Había un grupo más amplio que permaneció cerca y quiso comprender.

La diferencia no se estableció simplemente entre una multitud ignorante y doce hombres privilegiados. La narración distingue entre quienes escucharon la parábola y quienes, después de escucharla, continuaron alrededor de Jesús y preguntaron. La explicación fue recibida por quienes no consideraron suficiente haber oído la historia.

Jesús les respondió:

“A vosotros os es dado conocer el misterio del Reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas”.

Μυστήριον (mystḗrion) no describe aquí un acertijo reservado para personas con una capacidad intelectual superior. Se refiere a una realidad que necesita ser revelada. El Reino estaba actuando delante de todos, pero su forma no coincidía con las expectativas dominantes. Las parábolas permitían reconocerlo a quienes estaban dispuestos a escuchar y mantenían su significado oculto para quienes permanecían fuera.

Marcos relaciona esta función con Isaías 6:9-10:

“Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan”.

En Isaías, el profeta es enviado a una población que ha escuchado repetidamente, pero ha endurecido su respuesta. La palabra que podía conducir al entendimiento también confirmaba la insensibilidad de quienes se negaban a recibirla. Jesús aplica esa misma dinámica a su enseñanza.

Mateo 13 expresa la situación diciendo que Jesús hablaba en parábolas porque, aunque miraban, no veían, y aunque escuchaban, no entendían. Marcos resalta el efecto de la parábola sobre quienes estaban fuera; Mateo destaca la condición previa de un público que ya había decidido cómo escuchar. Ambas perspectivas se encuentran en la misma escena: la parábola revela y oculta según la disposición del oyente.

Esto significa que Jesús no utilizaba las parábolas únicamente para simplificar enseñanzas difíciles. Algunas fueron pronunciadas precisamente para evitar que una audiencia superficial recibiera una explicación completa sin involucrarse. La historia despertaba una pregunta, pero la respuesta requería permanecer, acercarse y escuchar nuevamente.

Marcos 4:33 declara que Jesús anunciaba la palabra mediante muchas parábolas “conforme a lo que podían oír”. El versículo siguiente añade que, cuando estaba en privado con sus discípulos, les explicaba todas las cosas. La enseñanza pública presentaba la narración; la cercanía del discipulado permitía profundizar en su significado.

La parábola funcionaba así como una selección de oyentes. No separaba necesariamente a los inteligentes de los ignorantes, sino al espectador del discípulo, al curioso momentáneo de quien estaba dispuesto a continuar preguntando. Algunos recibían una historia memorable. Otros percibían que la historia escondía una verdad y buscaban su explicación.

Esto tampoco significa que cada detalle de una parábola deba transformarse en un código independiente. La tierra, las monedas, los trabajadores, los caminos, las lámparas o los animales pertenecen a la construcción narrativa. Algunos elementos representan realidades concretas porque el texto mismo los interpreta; otros hacen posible el desarrollo de la escena. La interpretación debe comenzar con el contexto, la audiencia, el conflicto que provocó la parábola y la respuesta que Jesús buscaba producir.

Una parábola puede comunicar más de una implicación sin permitir significados ilimitados. La historia del hijo perdido habla de un padre, dos hijos, una herencia, una partida y un regreso. Cada personaje participa en la enseñanza, pero el relato sigue respondiendo al conflicto de Lucas 15: los escribas y fariseos criticaban que Jesús recibiera a pecadores y comiera con ellos. Separar la parábola de esa situación permite inventar interpretaciones que el relato nunca pretendió comunicar.

También debe distinguirse entre la historicidad de una narración y la verdad de su contenido. Un personaje puede no haber existido como individuo identificable y, aun así, representar una condición real. Una escena puede estar construida para enseñar y contener datos verdaderos acerca de la sociedad, el juicio, el Reino o la muerte. Clasificar un relato como parábola establece su forma literaria; no elimina automáticamente la realidad hacia la cual apunta.

En conclusión, la parábola es una antigua forma de enseñanza mediante comparación, narración, imagen y enigma. Mesopotamia, Egipto y Grecia utilizaron recursos semejantes siglos antes de Cristo. Israel desarrolló el māšāl dentro de su literatura sapiencial y profética para enseñar, confrontar y revelar aquello que una declaración directa no habría producido de la misma manera.

Jesús recibió esa tradición y la convirtió en uno de los principales vehículos de su enseñanza. Mediante las parábolas anunció el Reino, expuso las intenciones de sus adversarios, obligó a sus oyentes a emitir juicios y colocó delante de ellos verdades que requerían algo más que presencia física para ser comprendidas.

Las multitudes podían escuchar la misma historia, pero no todas adoptaban la misma posición ante ella. Quienes se conformaban con la superficie conservaban solamente el relato. Quienes permanecían alrededor de Jesús, reconocían que faltaba comprender algo y preguntaban, recibían una explicación más profunda.

La parábola no ocultaba la verdad para volverla inaccesible. La colocaba a una distancia que permitía descubrir quién estaba realmente dispuesto a acercarse para entenderla.

Address

New City, NY

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when El Despertar TV posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Business

Send a message to El Despertar TV:

Shortcuts

Share