02/23/2026
Pensé que venirme a Miami era la solución… y no lo fue.
Cuando me mudé a Chicago, llegué con la ilusión de que por fin estaba en un lugar que me gustaba y que se sentía seguro, con muchas ganas de seguir creciendo. Con el tiempo entendí que la cosa no era tan fácil como pensaba. Extrañaba a mi hijo, a mi familia, a mis amigos… y el clima no era igual cuando no estabas de vacaciones.
Luego de unos años empecé a tomar fotos y ya la gente sabía de mí. Nació Alaia y mi hijo se muda a Estados Unidos.
Pero igual continuaba ese no sé qué. Luego de mi separación sentí que era momento de cambiar, de volver a hacer lo que me gusta, de reencontrarme con el mar y, ¿por qué no?, surfear otra vez. En diciembre de hace un año, me invitan a Miami y de una forma mágica sentí tranquilidad en medio del tormento.
Al llegar me reencontré con una persona que me llenó de ilusión. Todo estaba encajando. En febrero 2025 decidí mudarme a Miami. Me sentí más cerca de casa y pensé: “seguro acá va a ser más fácil”.
Hoy, febrero 2026, entendí que nada externo iba a arreglar lo que yo no estaba dispuesto a mirar por dentro. Ni la ciudad soñada, ni el carro que quería, ni el mar al frente, ni siquiera el amor que idealicé. Todo lo que estaba buscando era más simple y más difícil a la vez: estar en paz conmigo.
Y en medio de ese proceso entendí algo poderoso… la fotografía nunca fue solo un trabajo. Siempre fue mi manera de entender el mundo. De sostener momentos cuando todo se sentía inestable. De capturar luz incluso cuando yo no la veía.
Miami no vino a salvarme. Vino a confrontarme. A obligarme a crecer. A volver al mar, sí… pero también a volver a mí.
Hoy mi trabajo acá no es solo hacer fotos bonitas. Es contar historias reales. Es fotografiar familias mientras aprendo a ser mejor padre. Es capturar amor mientras aprendo a amar sin depender. Es construir una carrera desde la madurez, no desde la huida.
Tal vez la respuesta no está en la ciudad. Está en cómo decido vivirla.
Y esta vez no estoy corriendo detrás de algo. Estoy construyendo algo. Con intención. Con cicatrices. Con verdad.
Y quizás, por primera vez, eso sí se siente como hogar.