03/13/2026
De niño te dijeron que los castillos eran lugares donde los sueños se hacían realidad.
Que ahí vivían los finales felices.
Que cuando cruzaras esas puertas, todo sería mágico… eterno… perfecto.
Y quizás por eso duele tanto mirar este castillo ahora.
Porque mientras las torres apuntan al cielo y las banderas siguen ondeando como si nada hubiera cambiado, uno se da cuenta de algo que nadie te dijo cuando eras pequeño: los sueños no siempre duran.
Tal vez aquí alguien pidió un deseo.
Tal vez alguien caminó por estas mismas piedras creyendo que ese momento sería para siempre.
Que esa risa, esa mano tomada, esa promesa frente al castillo… jamás se rompería.
Pero el tiempo no entiende de magia.
Las personas se van.
Las promesas se olvidan.
Y lo que un día parecía un cuento de hadas termina convertido en un recuerdo que duele cada vez que vuelve a la mente.
El castillo sigue ahí, hermoso, intacto, lleno de luces y de gente nueva que llega con ilusión.
Pero lo más triste es que, para alguien, este lugar ya no es un sueño…
es el recuerdo de un momento que fue tan feliz
que ahora duele demasiado recordar.