06/02/2021
|San Carlo
(English in comments)
‘Non ce la farà’. Era lo que decían las voces en su cabeza esos días, lo que comentaban sus rivales, lo que se susurraba en los pasillos de la curia. Él también pensaba lo mismo. Quién le habría mandado aceptar ese dichoso encargo, su primer encargo: la gloria, o el desastre y la vuelta a Milán. Todo por culpa de ese engreído de Gian Lorenzo, y su manía de hacer las cosas como quería él. Qué sabría ese napolitano.
La petición de los Trinitarios le había seducido, por fin podría demostrar su talento. Pero cuando Borromini vio donde debía construir su magnífica iglesia, le pareció que el viento empezaba a susurrar ‘Non ce la farà’. Apenas había sitio para construir una casita, y los materiales eran como sus pagadores, pobres. Tendría que volver a trabajar para otros, aceptar órdenes de engreídos.
Esa noche, en el caluroso verano romano donde baja el pulso y la humedad se pega hasta el alma, tuvo un sueño extraño. Se encontraba rodeado de iglesias absurdamente altas, en mitad de un terremoto. Las iglesias, en lugar de derrumbarse, crecían y se contorsionaban, sus frontales y sus columnas parecían convertirse en serpientes haciendo curvas, como si fueran algo blando. En esas apareció un gigante, el mismísimo Gian Lorenzo, vestido de guerrero de comedia bufa, gritando con un canuto de papel en la boca ‘¡Audentis Fortuna iuvat!’. Las iglesias siguieron creciendo, el gigante comenzó a saltar, y en ese momento se despertó con la ropa pegada a su cuerpo. Una sola voz resonaba en su cabeza, y decía ‘Ce la farò’. Tenía la solución.
La idea de hacer San Carlino pudo ocurrir así, o pudo surgir de ver una iglesia en el reflejo de un charco, tanto da. Lo indudable es que Borromini dio forma una de las grandes joyas de la arquitectura barroca.