21/10/2026
Un abrazo al cielo para mi Tío Hormiga, el eterno 10 de Independiente 🕊️⚽️🔴
El último pase del "Waldir": Dos años sin la sonrisa de Luis "Hormiga" Narváez
Escribe: Alfredo Franco Mendoza
El eco de una carcajada no se apaga fácilmente, y menos si esa risa venía acompañada de la chispa, el carisma y la picardía de Luis "Hormiga" Narváez. Ayer martes 20 de octubre, el recuerdo de ese moreno entrañable volvió a convocar a los suyos en una misa de honras, un espacio donde la solemnidad del rezo se mezcló inevitablemente con la nostalgia de sus ocurrencias. Hace ya dos años que Lucho partió, justo cuando el almanaque le iba a marcar los 50 años de vida, dejándonos el silencio de su ausencia pero el ruido eterno de sus mejores anécdotas.
"Hormiga" no solo jugaba al fútbol; él le ponía banda sonora y libreto a la vida. Su léxico era un diccionario de barrio, una antología de la esquina que pegaba al instante:
• "Waldir": La chapa universal, la palabra exacta para llamar a cualquier amigo y recordarle que en la cancha de la amistad todos llevaban la misma camiseta.
• "Golazo de 50 quilates": El sello de su ironía refinada. Cuando el balón entraba llorando, de rebote o con pura torpeza, Lucho la adornaba con la máxima distinción para dejar en claro que el gol había sido un espanto.
• "Estamos hasteados de campeonar": El escudo perfecto ante la palomillada. Lo vacilaban porque con el tremendo cuadrazo del Laboratorio FC no habían podido dar la vuelta, y él, con la cabeza levantada y una sonrisa, salía jugando con esa soberbia elegante y divertida.
• "Anda cría patos": Su elegante diplomacia criolla. La frase justa para frenar a los pesados, un desvío poético para no mandarte directo a la mi**da, recordando con gracia la incontinencia de aquellas aves.
• "¿No quieres arroz con pato?": Su frenazo en seco para los frescos. La soltaba con gracia cuando alguien abusaba de su buena gente y pretendía que le hiciera un favor más allá de lo normal; una forma muy suya de decir "ya no te pases de vivo".
Lucho caló hondo porque su nobleza era del tamaño de su humanidad. En la cancha lo chacoteaban, le buscaban la boca, y él respondía con su mejor defensa: una sonrisa a flor de labios que desarmaba al más pintado.
Queda grabado en la memoria aquel viaje a Mala, una misión de emergencia para salvar la baja de mi equipo. Con el libro de pases cerrado, la necesidad obligó a la picardía: hacerlo jugar con una identidad falsa. El dueño legítimo del carné, otro moreno, era un tronco de aquellos. Lucho, al enterarse de a quién suplantaba, soltó la frase que hoy es un mito: "Ese zambo caga la raza... todo moreno la conoce en el fútbol y en el baile". Y vaya si él la conocía; derrochaba chocolate en el verde y ritmo en la pista.
La "Hormiga" se fue joven, en sus años mozos del recuerdo futbolero, pero dejó un vacío que solo se llena volviendo a contar sus historias. Ayer se rezó por su alma, pero sobre todo, se celebró su vida. Porque a los hombres como Lucho no se les llora con el ceño fruncido; se les recuerda con la pelota bajo el brazo, la talla a flor de piel y esa sonrisa eterna que nos sigue diciendo: "Tranquilo, Waldir". Descansa en paz, zambo querido.