Christopher Schreier

Christopher Schreier Dr.(c) Historia | MSc. Arq. | Docente | Investigador

¿Los estudiantes pueden ayudarnos a mejorar una asignatura?Cuando un ciclo está por terminar, suelo hacer el mismo ejerc...
16/07/2026

¿Los estudiantes pueden ayudarnos a mejorar una asignatura?

Cuando un ciclo está por terminar, suelo hacer el mismo ejercicio: detenerme a pensar qué podría mejorar en los cursos que dicto. Reviso la organización, los contenidos y las evaluaciones. Siempre hay algo que ajustar.

Este semestre decidí concentrarme en los trabajos del curso. En los últimos ciclos he visto cómo el uso de la inteligencia artificial ha ido reemplazando, en muchos casos, el ejercicio de observar, analizar y dibujar. Entonces pensé que, antes de cambiar una evaluación, debía hacer una pregunta distinta.

En todas mis clases de historia les pregunté a los estudiantes: ¿qué tipo de trabajo los habría motivado más a desarrollarlo por ustedes mismos?

Al comienzo hubo silencio. Algunos pensaban que era una pregunta con “trampa”; otros no sabían si podían responder con libertad. Pero, una vez que entendieron que la intención era mejorar el curso y no evaluarlos, comenzaron a aparecer ideas muy interesantes.

Evidentemente, no todas las propuestas pueden implementarse. Existen criterios académicos, calendarios y lineamientos institucionales que debemos respetar. Sin embargo, detrás de muchas respuestas encontré algo más valioso: la oportunidad de comprender cómo viven ellos el proceso de aprendizaje.

Creo que ser docente no consiste en tener todas las respuestas, sino en hacer mejores preguntas. Preguntar no es una señal de incertidumbre; es un ejercicio de empatía. Escuchar a los estudiantes no significa renunciar a nuestro criterio, sino reconocer que el proceso de enseñanza-aprendizaje se construye mejor entre ambas partes.


¿Por dónde empezar a leer arquitectura?Al terminar una clase de historia, varios estudiantes se acercaron a preguntarme ...
24/06/2026

¿Por dónde empezar a leer arquitectura?

Al terminar una clase de historia, varios estudiantes se acercaron a preguntarme qué libros o autores podrían leer para profundizar los temas del curso. Entre todas las consultas una pregunta me llamó especialmente la atención.

Un estudiante me dijo, “nunca he leído un libro de arquitectura. ¿Por cuál debería comenzar?”

Muchas veces pensamos que existe una lista obligatoria de libros que todo arquitecto debe leer. La realidad es que el mejor libro para empezar no siempre es el más importante, sino el que despierta nuestra curiosidad y nos invita a seguir leyendo.

La arquitectura puede encontrarse en libros de historia, teoría, diseño, urbanismo, construcción o incluso en textos más personales y motivacionales. Cada lector encuentra su propia puerta de entrada.

Mientras conversábamos, les conté de un libro al que le tengo especial cariño por la forma cómo llegó a mi: Mensaje a los estudiantes de arquitectura de Le Corbusier. Lo encontré cuando era estudiante, entre varios libros usados que vendían en un paradero de la avenida La Marina.

Quizás no fue el libro más importante que he leído, pero sí llegó en el momento correcto. Y creo que ahí está la verdadera respuesta: uno debe comenzar por aquello que le genera curiosidad, porque son esos libros los que nos motivan a seguir leyendo.

Una semana después el estudiante me comentó emocionado que se había comprado su primer libro. A veces una biblioteca profesional no comienza con grandes inversiones ni con listas obligatorias. A veces comienza con un libro usado, encontrado por casualidad, y una pregunta que todavía queremos responder.

Antes de escribir una página, hay mucho trabajo que no se ve.Esta semana comenzamos el trabajo final en algunas clases d...
10/06/2026

Antes de escribir una página, hay mucho trabajo que no se ve.

Esta semana comenzamos el trabajo final en algunas clases de historia: la redacción del trabajo de investigación. Sin embargo, antes de pensar en párrafos, citas o conclusiones, les pedí a los estudiantes algo más importante: construir una estructura de ideas.

El ejercicio consiste en elaborar una secuencia de oraciones que contenga los argumentos principales del trabajo. Una especie de esqueleto que permita visualizar qué se quiere decir, por qué es relevante y cómo se conectan las distintas ideas. Muchas veces creemos que escribir es sentarse frente a una hoja en blanco, cuando en realidad la mayor parte del trabajo ocurre antes.

Este enfoque busca valorar más la profundidad que la extensión. También busca que los estudiantes comprendan y construyan sus argumentos antes de recurrir a herramientas de inteligencia artificial que escriban por ellos.

Durante la explicación compartí algunas páginas de mi bitácora con apuntes de mi tesis doctoral. Les mostré cómo una investigación suele comenzar con una idea o categoría de análisis, continúa con la síntesis de entrevistas y fuentes, y poco a poco se transforma en un esquema de hallazgos y conclusiones. Mostrarles mi avance de tesis permitió empatizar con ellos y mostrar cómo esta metodología sirve para distintos tipos de texto.

Quizás una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar no es la escritura en sí misma, sino la capacidad de ordenar nuestras ideas. Cuando el pensamiento encuentra estructura, las palabras suelen llegar después.

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