16/07/2026
¿Los estudiantes pueden ayudarnos a mejorar una asignatura?
Cuando un ciclo está por terminar, suelo hacer el mismo ejercicio: detenerme a pensar qué podría mejorar en los cursos que dicto. Reviso la organización, los contenidos y las evaluaciones. Siempre hay algo que ajustar.
Este semestre decidí concentrarme en los trabajos del curso. En los últimos ciclos he visto cómo el uso de la inteligencia artificial ha ido reemplazando, en muchos casos, el ejercicio de observar, analizar y dibujar. Entonces pensé que, antes de cambiar una evaluación, debía hacer una pregunta distinta.
En todas mis clases de historia les pregunté a los estudiantes: ¿qué tipo de trabajo los habría motivado más a desarrollarlo por ustedes mismos?
Al comienzo hubo silencio. Algunos pensaban que era una pregunta con “trampa”; otros no sabían si podían responder con libertad. Pero, una vez que entendieron que la intención era mejorar el curso y no evaluarlos, comenzaron a aparecer ideas muy interesantes.
Evidentemente, no todas las propuestas pueden implementarse. Existen criterios académicos, calendarios y lineamientos institucionales que debemos respetar. Sin embargo, detrás de muchas respuestas encontré algo más valioso: la oportunidad de comprender cómo viven ellos el proceso de aprendizaje.
Creo que ser docente no consiste en tener todas las respuestas, sino en hacer mejores preguntas. Preguntar no es una señal de incertidumbre; es un ejercicio de empatía. Escuchar a los estudiantes no significa renunciar a nuestro criterio, sino reconocer que el proceso de enseñanza-aprendizaje se construye mejor entre ambas partes.