18/07/2026
Hay lugares donde el paisaje no termina en la naturaleza pura ni comienza en la arquitectura per se. Mis primeras imágenes paisajistas en Perú comenzaron en esta interesante mezcla en Acobamba, Tarma, Junín, Perú. Todo formó parte de un mismo tejido al final. Las casas de adobe, los cultivos, el río y quienes trabajan la tierra parecen haber encontrado un equilibrio silencioso con el valle que presencie en ese momento. Caminar por estos rincones de Tarma es descubrir que la vida todavía conserva un ritmo marcado por las estaciones y por la montaña.
Las casas de adobe se aferran a la montaña siguiendo el relieve del terreno. Cada muro aveces un poco quebrados, conservan el color de la tierra que le dio origen, me hace recordar que aquí la arquitectura nace del mismo paisaje. En estos pequeños poblados de Tarma son alucinantes.
Por estos lugares el amanecer, el silencio solo es interrumpido por el movimiento de quien comienza la jornada. Entre eucaliptos, cultivos y caminos de tierra, el paisaje revela una forma de vida construida desde la paciencia y el vínculo permanente con la naturaleza. Cabe resaltar que el “campesino” de esta fotografía fue mi guía que pasó para mi. Lo siento mucho por la falta de documentalismo.
Los cultivos se entrelazan con el relieve de las quebradas de Tarma. Mientras el pequeño arrollo atraviesa el paisaje con la misma constancia desde hace siglos. La presencia humana apenas ocupa un pequeño espacio dentro de una geografía bien aprovechada y mucho más amplia de lo que imaginé, donde cada parcela forma parte vital se la economía de la zona. 💪