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- Zurcir las tablas - Por  Si me cuentas tu historia, escucharé con atención.Si me invitas a fotografiarla, la viviré co...
23/04/2026

- Zurcir las tablas -
Por

Si me cuentas tu historia, escucharé con atención.
Si me invitas a fotografiarla, la viviré contigo.

Gracias corazón por invitarme a participar en el registro de tan intenso trabajo.

Me fui a Guatemala con una ruta trazada buscando lo nuevo, lo que se ve bien a través del visor, esperando que la bellez...
18/04/2026

Me fui a Guatemala con una ruta trazada buscando lo nuevo, lo que se ve bien a través del visor, esperando que la belleza del destino fuera suficiente para llenar el vacío de la rutina del cual ya me venía burnout-eando.
Y como sieeempre, la vida tiene formas peculiares de darnos lecciones que no solicitamos. Al descargar las tarjetas de memoria y revisar mi material, me topé con la realidad de que tengo más fotos de mis acompañantes que de cualquier monumento o paisaje. He capturado gestos, miradas, risas y rostros iluminados por la expansión de conocer nuevos lugares . He descubierto que, para mí, el acto de fotografiar ha dejado de ser una búsqueda estética de la perfección del entorno para convertirse en un acto de gratitud hacia la sincronía de compartir el espacio tiempo con otro ser humano.
Hacer fotos de esos momentos es una forma de decir "esto importó". Al final del día, para mi, la fotografía es valiosa no solo porque muestra dónde estuviste, sino porque también encapsula aquellos con quiénes sentiste, pensaste y compartiste mientras llegabas allá. Me he dado cuenta, una vez más, de que aunque estoy de paso por la vida, para mí es un paseo más bello simplemente por la experiencia de compartirlo.
Gracias amigos por la compañía.

Hubo advertencias, por supuesto. Unas venían de redes sociales y otras de amigos que ya habían vivido la experiencia de ...
25/03/2026

Hubo advertencias, por supuesto. Unas venían de redes sociales y otras de amigos que ya habían vivido la experiencia de escalar el Acatenango y el volcán de Fuego. Sin embargo, la realidad que viví fue muy diferente a la expectativa que generé y me gustaría compartirles mi experiencia:

El ascenso comienza con una pendiente de gravilla y tierra muy suelta, con mucho polvo y mucho calor en compañía de 3 amistades y compañeros de viaje: Johan, Caro y Jenny.
De manera intermitente se nos juntan un par de Xalapeños (Joel y Berni) que, tal como las mejores sorpresas de la vida, coincidimos en el tiempo espacio sin ponernos de acuerdo.

La inexperiencia y la falta de claridad sobre cómo se desarrolla la experiencia hace que cargues cosas y te pongas ropa de más. Y esto es importante porque el peso de lo que traes encima termina haciendo grandes diferencias (como todo en la vida).
Cada cierta distancia, algo así como cada kilómetro, hay un checkpoint, un lugar en el que el grupo hace un breve descanso y tiene la oportunidad de comprar una botella de agua, un café, cerveza o alguna botana, incluso alguna fruta o sopa maruchan. Eso si, mucho más caro que el precio regular. También suele haber cerca un baño-letrina, de cuya inmundicia platicaré más adelante.

Llegar a la primera parada es muy engañoso, sientes que avanzaste mucho y en realidad no es ni el calentamiento (pero aun no lo sabes). Uno se avienta una gran cantidad de checkpoints hasta que llegas a uno que está más ... instalado... con algunas bancas de madera y algunos espacios techados... sólo para darte cuenta que en realidad ahí apenas es el acceso al parque. Ahí viene la primer descalabrada, un mapa en grande te muestra que en realidad no has ascendido ni el 20% del camino. Y para ese entonces el cuerpo ya está temblando, la temperatura empieza a bajar, el peso en la mochila empieza a pasar factura en el cuello. Y bueno, no queda más que enfocarse en que no decaiga el ánimo y seguir subiendo, un camino cada vez más empinado.

Subes, y subes y subes y subes. Checkpoints, uno tras otro, sólo para enterarte por el guía que "aún faltan varios". Después de varias horas finalmente se llega a una especie de "claro", un espacio más plano con suficiente espacio para tomarte 20 minutos de desmayo y aprovechar para comer. Luego el guía da la noticia que parece broma pero es real: "aquí acaba el calentamiento, la verdadera subida al volcán de Acatenango inicia aquí"... y si. Estaba diciendo la verdad. El resto del camino empieza a sentirse la altura, el frio y sobretodo el cansancio. En este punto ya iniciaban pequeños calambres y la sensación de que había cometido un enorme error al cargar con todo mi equipo fotográfico: En la mochila iba un cuerpo de cámara, tres lentes - incluyendo un telefoto - baterías, un dron con su control y pilas extras, una linterna de cabeza, un tripié profesional, uno más en versión miniatura para el celular, un par de filtros y un pañito de limpieza. Además de las correspondientes 3 capas adicionales de ropa que incluían: ropa interior térmica, playera, sudadera, chamarra y rompe-vientos, además de una cuellera, y un gorrito. Botas de montaña también con sus correspondientes calcetas de compresión y el famoso pantalón tipo hikking. También en la mochila iban un impermeable para la mochila y otro personal, por si la lluvia nos sorprendía. Respecto a la comida llevaba 4 barras energéticas, 3 sobres de nueces y almendras y 2 litros de agua más 2 electrolitos orales. Por parte de la agencia, también te dan un tupper con la comida, consistente en una pechuga asada, una porción de verduras y un puñado de arroz, así como un baguette de jamón para la cena. (yo cometí el error de comerlos al revés y sufrir pesadez por el pan, un buen tramo del ascenso, resultó muy notorio cómo el proceso digestivo hacia que me cansara mucho más). Finalmente, por cuestiones de practicidad, (por no decir falta de planeación de mi colega), tuvimos a bien agregar algunos de sus lentes (incluyendo un 800mm) a la maleta. Ya en conjunto eso implicaba una mochila de campo de 75 litros con lo que yo estimo más de 20 kilos adicionales. De verdad que a veces un "si puedo" es sólo la ingenuidad hablando, y no porque no puedas, sino porque solo se está parado en la fe.

Recuerdo en el camino a una pareja de newyorkinos, ella de ascendencia asiática y el americana, ir dialogando sobre el ascenso:
el: are you enjoying it?
ella: sure! the trees, the air, the view... i mean, im tired but it is quite pretty here. And you?
el: Nope. Im think im dying. I just can focus on survive. i can’t think in Anything else. Every part of my body is in pain.
.. durante el camino es normal ir encontrándose con soldados caídos, de todo tipo, (incluyendo jóvenes que parecen asistir regularmente al gimnasio) ... para estos casos existe la posibilidad de pedir asistencia con los guías para que te trasladen en caballo al inicio, claro, con un cargo exorbitante de por medio (alrededor de 900 quetzales) . Y también es sorprendente ver como personas mayores, cuya apariencia da la impresión de que tienen poca masa muscular, te rebasan como si nada, como si fueran Sherpas. jaja. De hecho, es muy común ver a Guatemaltecos locales, subiendo y bajando como si nada, con huaraches y con 2 o 3 equipajes de alguno que otro campista que accedió a realizar el pago de 350 quetzales por subir algún tramo con menos peso.
.. Después de 8 horas de ascenso, poco antes del atardecer y con apenas 6km avanzados, finalmente se escucha la euforia de quienes no han caído en el camino y logran ver el campamento (que en el caso de nuestra agencia resultaron ser una especie de iglús de lámina, que, aunque no se imaginen decorosas, para ese punto se agradecen enormemente).
En este punto uno ya puede g***r de una vista impresionante del Volcán de fuego, que se encuentra apenas a 2 km de distancia en línea recta. Inmediatamente la indicación del guía es que aprovechemos para dejar el peso adicional que traigamos, nos demos un respiro, y nos apresuremos a comenzar el ascenso al volcán de fuego, con su famosa pendiente "la maldita". Una cuesta de cuidado llena de rocas sueltas que debe atravesarse para llegar al gran premio de un pequeño claro que se encuentra a tan solo 300 metros del cráter activo.

El volcán de fuego es uno de los volcanes más activos en el mundo, su actividad es tal que emite exhalaciones cada 15 o 45 minutos, algunas con gran fuerza. Es tan activo, que si pasan varias horas y no ha hecho erupción genera la necesidad de evacuar, pues podría ser en extremo peligroso. Por ahí del 2017 hubo una tragedia que se estima que tuvo más de 2000 víctimas, puedes después de 5 días de inactividad, la presión generó una explosión con una nube piroclástica muy violenta.

Bajar a la maldita de día, comienza a ser un deleite doloroso. A la vista el atardecer, con la cama de nubes y los colores cálidos son una delicia. Pero en sensación las rodillas, que han cargado varias horas de ascenso, comienzan a sentirse como espaguettis. En este punto tuve mi primer caída que no pasó de un sentón. Para este punto ya no llevaba la mochila de 75 litros, en su lugar llevaba sólo una mochila compacta con mi cámara, los lentes, y el mini tripié. Olvidé mencionar que durante el último tramo del ascenso al campamento, ocurrió el primer tributo de mi parte a la montaña. Una pata de mi tripie se safó y rodó por la ladera, y a pesar de que quedó probablemente a unos metros, fue físicamente imposible de recuperar. Aun no iba ni a la mitad de la experiencia y la mente ya empezaba a quebrarse. Hay un punto en el que el cansancio es tan extremo que los pensamientos ya se dividen en mediciones vida o muerte, y bajar 10 metros por una ladera, con las piernas exhaustas, es claramente una opción no viable. Y no queda más que soltar. soltar el control, soltar la necesidad de resolver, de solucionar.
Para cuando llegamos al valle de la maldita, ya la oscuridad nos había alcanzado. Fue momento de sacar las lámparas de cabeza. Siento pena por los que pensaron que podrían resolverlo con sus lámparas de celular. De verdad que no es buena opción, requieres tu manos para escalar y librarte de una que otra piedra suelta. Este ascenso, que apenas es de un kilometro, se siente largúisimoooo. Aquí, entre movimientos erráticos de mis piernas, le dí un jalón a mi lámpara de cabeza y terminé generando un falso contacto, algo que terminé considerando parte de las cosas o situaciones que no quedaba más que “soltar”.
Algunos tramos me parecieran dunas de gravilla, daba un paso y regresaba tres. Si no tienes bien atadas las botas, no te cuento lo incómodo que resulta sentir piedras pequeñas pero cortantes entre tus botas y tus pies. Uno sólo sigue con mucho entusiasmo por que en esta subida ya se empieza a sentir la actividad de la montaña, y si bien "no se ve" estando abajo, si se escucha con mucha claridad el crujir de la tierra cada que se aproxima una erupción del volcán.

Llegar a la cima (o más bien a la parte más cercana en donde aún es seguro ver las erupciones) es como llegar a la euforia. Es fácil llorar de la alegría. Y más en cuanto ves la lava y el rojo vivo a unos cuantos metros. No importa la mezcla de calor y frio, ni el aroma a azufre. Simplemente es hipnotizante y euforizante. Todo lo que se oye es la tierra crujir y los vitores de quienes lo están presenciando.

Me embelesé, como durante 5 minutos, y disfruté de ver en directo el espectáculo. Luego me dispuse a montar el pequeño tripié (el que estaba destinado para mi celular) para, en la medida de lo posible, sostener mi telefoto y mi cámara. Pero, como este viaje me tenía reservada la experiencia de soltar, me llevé una sorpresa cuando el guía dijo que solo disponíamos de 10 minutos, pues teníamos que regresar ya para ganarle al frio extremo de la media noche. Así que pues me apresuré a intentar sólo un par de tomas (que para mi fortuna una si se logró) e inmediatamente después, proceder a guardar el equipo y comenzar el descenso.
Qué cosa más contradictoria, ir bajando y sentir que te falta el aire, que las piernas ya no quieren responder. Después de que se pasa la euforia de haber visto tan de cerca un volcán, comienza el juego mental real de "ahora hay que esforzarse en serio para llegar al campamento". Bien o mal se llega al valle, pero mal o mal se vuelve a iniciar el ascenso al campamento. Un kilometro, sólo un kilómetro, pero ese kilómetro me rompió la mente. No importa que ideas o pensamientos tengas en la cabeza. Todo se ve diferente cuando tu cuerpo ya no responde, cuando dar un paso de 10 centímetros duele hasta la espalda, cuando respirar ya no se siente suficiente. Las cosas que importaban ya no lo hacen más. En verdad. Creo que ese es el verdadero regalo del volcán. Ver como se parten fragmentos de ti que ni siquiera son realmente tuyos. Cargas que adoptamos y que nos importa tener, y que ante tanto dolor simplemente ya no tienen más poder.
3 horas me tomó recorrer ese kilómetro, 3 horas, y el último tramo lo recuerdo con una sensación de ser un trapo que apenas y rodaba con el impulso del viento. De no ser porque el guía me hizo el paro de cargar mi mochila los últimos 100 metros no sé a qué hora hubiera llegado al campamento. Cada intento contemplaba unos 5 pasos, sólo unos 5 pasos, en lo que llegaba de un árbol a otro, para recargarme y tratar de descansar uno o dos minutos. En mi cabeza ya ni ruido había (y eso es algo que no es habitual para mí). Finalmente, cerca de media noche, me di cuenta de que estaba a unos 30 metros del campamento, y ocupé lo poco que me quedaba de energía en las piernas para esforzarme en llegar, aunque fuera de pasito en pasito de 10 centímetros.

Mi colega llegó antes que yo apenas unos minutos. E igual que yo, se limitó a arrastrarse dentro del lglú de lámina para recuperar el aliento. Ya estando ahí, al estar más de 5 minutos sin moverte, el cuerpo se enfría y se pone rígido, y duele, todo duele. Recuerdo haber estado ahí, tirado, sin moverme, unos 15 minutos, y escuchar el rugido del volcán, y no poder levantarme para verlo. ... minutos después una segunda exhalación, y mi mente le decía a mi cuerpo: "un último esfuerzo, párate, pon la cámara, que dispare en intervalómetro y ya te tiras al piso"... y lo hice, enfoqué como pude con las manos helándose, y me acosté junto a la cámara, solo a contemplar un poco en dolor pero con mucha fascinación.

Recuerdan que mencioné que más adelante hablaría de la inmundicia de los baños?... bueno pues... ¿qué les digo?, es la montaña, sube gente de todas partes del mundo y en grandes cantidades, hay muchos con la educación suficiente pero otros muchos no. Los baños son una porquería. Todos. Claro, mientras más abajo en la montaña es más notorio. Son letrinas cuyo hedor hace con seguridad que te arquees. Bueno, el comentario viene a colación por que en el checkpoint de la entrada al parque, tuve la ligera sensación de que quizás querría ir al baño y esa podría ser una buena oportunidad. Apenas me asomé a la letrina me arqueé. Todo estaba lleno de mi**da, todo. Desistí. No volví a pensar en ello hasta que ya estaba de vuelta en el campamento y después de algunos minutos de inactividad, las ganas volvieron. La letrina de hasta arriba, en el campamento, está algo más decente, pero no mucho (al menos tiene puerta), pero aun así, es notorio que está muy sucio. Y uno pensará: bueno pues nimodo, de aguilita. Pues no es opción, más que nada porque las piernas, los muslos, ya no dan de sí. Pero lo sorprendente es que tampoco la mente. Uno está tan quebrado a esas alturas, que simplemente ya no importa. Y no me malentiendan, suena horrible, pero es en verdad un regalo, que de verdad ya no te importe, que no te conflictúe en la mente en lo más mínimo; es un verdadero regalo de perspectiva. Tu a lo tuyo y una toallita húmeda al final y a lo que sigue, que justamente, resulta ser trascendental...

Ver un volcán activo de cerca es más hipnotizante que ver una fogata, de alguna suerte los pensamientos se ponen en espera y solo te maravillas. Muchas de las fotos buenas que tengo del volcán en realidad se deben a que tuve la fortuna de que mi equipo se siguió disparando de manera automatizada, un disparo tras otro, por varios minutos. Y luego, de manera sorprendente, este estimulo visual te revitaliza. Cerca de la 1 de la mañana comencé a desentumirme, comencé a sentirme en éxtasis. Sumamente contento. Sumamente conectado a mi cuerpo, que aunque estaba en dolor, al mismo tiempo estaba feliz. Y Sentí deseos de hacer retratos, de capturar la alegría que evidentemente también sentían las personas que me acompañaban y que habían subido conmigo hasta la cima. Y nos pusimos a jugar. Y creo es de los momentos más divertidos del viaje. Esa hora de madrugada, con un cielo estrellado, un volcán despierto, un cuerpo felizmente adolorido al cual no le importaba la temperatura helada a la que estábamos. Por un lado el volcán vivo, y por el otro, la vía láctea ascendiendo en el horizonte. Le aseguro que es una postal que nunca voy a olvidar.

En algún punto el guía pasó a invitarnos una taza de chocolate. Gloria a Dios mis hermanos. Un chocolate caliente, en ese lugar, en ese momento, simplemente no tiene precio.

Luego lanzó una invitación, para aquellos que todavía tuvieran pila, había la posibilidad de subir a la cima del cráter del Acatenango para ver el amanecer, pero ello implicaba subir todavía un kilómetro y medio más, a las 4am... y francamente mi cuerpo me dijo que no, que necesitaba dormir y recuperarse un poco antes de descender.

Dormí 3 horas y el barullo de los vecinos me despertó, estaba clareando ya y el amanecer estaba a minutos. Para nuestra fortuna el cielo estaba despejando y pronto se dejó ver el volcán en erupción de un lado y el sol amaneciendo del otro. El cuerpo creo que dolía más que antes, pero el ánimo colectivo era muy bueno, lo suficiente como para no pensar tanto en el dolor.

El guía nos ofreció un desayuno consistente en un par de rebanadas de pan con mermelada, una media manzana y una taza de café y en acto seguido nos comentó que comenzaríamos el descenso en media hora.

Si bien son 6 kilómetros de bajada, resultan ser un verdadero examen de rodillas. Inevitablemente terminas dándole un uso rudo a los bastones de hikking, porque de otra manera es muy probable que fallen. Y me fallaron, en ese descenso tuve dos caídas más: una de sentón, y la otra si rodé y me lleve un par de raspones, y pasó justo cuando ya estaba a 100 metros de llegar al inicio de la pendiente en donde estaba la Van que nos recogería, .... justamente el peso de la mochila me ganó, el bastón no estaba bien colocado, y mi rodilla nomás no me aguantó.

Y bueno... ahí técnicamente acabó la experiencia. Llegué muy magullado, reflexivo y en paz. Y sólo me queda decir, aunque suene a cliché, que es verdad cuando dicen que, si se sube caminando al volcán, es uno el que sube a la montaña, pero inevitablemente baja otro. Al otro día, ya en el Airbnb, tuve una sensación muy rara al verme en el espejo después de bañarme, por primera vez en mucho muuuucho tiempo, sentí un orgullo enorme por este cuerpo que regularmente juzgo y critico mucho. Simplemente lo vi y le agradecí de corazón, y me sentí muy muy orgulloso de que me esté acompañando en mi experiencia de vida.

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21/03/2026

Postales de La Antigua, Hobbitenango y Altamira, Guatemala.

Tanto por agradecer, ahora que ya voy de regreso a México. Una semana he andado por tierras centroamericanas y he querido compartir algunas fotos de los primeros destinos de ésta experiencia.

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Hobbitenango por su parte estuvo muy mágico con toda su vibe del señor de los anillos y Altamira tiene un montón de spots fotográficos que creo, supimos aprovechar... Es la primera vez que yo regreso con varios retratos (lo cual no me suele suceder), ... Supongo que es parte de las ventajas de viajar con gente que gusta de la fotografía... ♥️📷

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Érase una vez un amanecer en límite norte del estado de Veracruz, en un lugar donde la iglesia llama a campanadas cada media hora... 😶‍🌫️

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03/03/2026

Como el eclipse de ésta mañana tuvo una duración de más de una hora, pensé que era buena idea planear tres tomas alineándolo a tres lugares representativos de la capital... Elegí la Araucaria, la Torre JV y la peña del Cofre (utilizando 20 minutos en casa spot)... Todo muy bien mientras estuvimos en el primer lugar 😁, peeeeero, cuando nos movimos al segundo, las nubes de Xalapa hicieron su aparición y en el segundo sitio no se vio nada 😓.... Y en el tercero... Las nubes sólo dieron chance a través de una pequeña ventana en el momento más importante 🧐... Para cuándo despejó, la luna ya se había ocultado... Creo que en esta ocasión puedo declarar una especie de empate contra las nubes... Con un sabor agridulce, pues un eclipse atrás de la peña habría estado épico! Better luck next time!

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03/03/2026

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02/03/2026

CARNAVAL DE ALMOLONGA VER. 2026

Algo diferente

A veces, se antoja ya no repetir tomas parecidas a ocasiones anteriores, se antoja hacer algo diferente. El día de hoy quise experimentar un poco soltándoles la cámara a los danzantes y guiándoles para que realizaran algunos retratos barriendo el fondo. Creo que resultaron algunas tomas interesantes. Esta fiesta siempre me ha gustado porque involucran a los pequeños en las celebraciones, en una de las tomas finales, hasta se puede percibir como una niña flota, al bailar con quién, intuyo, es su padre.

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20/02/2026

Resumen del campamento de Astrofotografía del fin de semana. Uno de los más agridulces que he tenido. Por una parte toooodo salió bien!, todos los ejercicios se lograron, se vio bien el atardecer, salió el aro de fuego, pudimos hacerle foto a Júpiter y sus lunas, a Orión, al pico de Orizaba y al Cofre de Perote Estrellado. Salió la vía láctea, salió la luna y nos amaneció. Todo a pedir de boca. Y por otra parte iba todo debilitado por ir físicamente disminuido por recién haber padecido rotavirus, y luego con el corazón destrozado por ser ese paseo el último de mi perrita Lola. En fin. Un fin de semana en extremo intenso. Gracias a quien me acompañó. Por el momento estoy satisfecho. Ahora, a otra cosa.

Burnout Transit
08/02/2026

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