31/07/2026
Del Proyecto “LA TEHUANA EN LA URBE”
Mi ombligo está allá
Mi padre, retirado de la Marina, recorrió gran parte de la República Mexicana junto a mi madre y a sus cuatro hijos. Sin importar en qué lugar viviéramos, ambos siempre nos enseñaron que nosotros somos tehuanos.
Cada periodo de vacaciones, cada oportunidad de regresar a la casa de mi abuela, era motivo de una inmensa alegría. Ver la emoción de mis padres al volver a Tehuantepec era algo que se contagiaba. Llegar y cenar unas tlayudas con doña Linda era el inicio de días inolvidables. Eran vacaciones cortas, pero su recuerdo nos acompañaba durante todo el año, guardado en el corazón.
Por las noches, mi padre escuchaba los sones del Istmo; por las mañanas, mi madre los tarareaba mientras hacía los quehaceres de la casa. Sin darse cuenta, llenaban nuestra alma de identidad y de amor por nuestras raíces. Y siempre nos repetían una frase que jamás olvidaremos:
“Nunca olvides que tu ombligo está enterrado en casa de la abuela.”
El mar nos trajo hasta Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde hoy vivimos mi madre, mis hermanos y yo. Aquí hemos formado nuestro hogar, hemos construido un trabajo y ahora también tenemos hijos. Hoy nos corresponde a nosotros transmitirles esa misma emoción y ese profundo amor por nuestra tierra.
En mi casa hay un cuadro grande en el que aparezco vestida de tehuana, junto a unos xhicapestles. Lo veo todos los días y, cada vez que paso frente a él, recuerdo de dónde vengo. Me recuerda que, aunque la vida me haya llevado lejos, mi ombligo sigue estando allá.