30/12/2025
CAMPECHE.- En Nunkiní, un poblado donde la fe forma parte de la vida cotidiana, cada año se revive una tradición que ha marcado la historia y la identidad de su gente; la quema del Caballero de Fuego. Para los habitantes, no se trata solo de un ritual, sino de un acto de memoria, agradecimiento y esperanza.
El personaje, conocido en lengua maya como Dzuli Ka’ak, nació hace más de cien años, en una época marcada por el miedo y la incertidumbre. La viruela negra azotaba a la comunidad y, ante la falta de respuestas, los pobladores recurrieron a su fe en San Diego de Alcalá. Para representar la enfermedad, elaboraron un muñeco con forma humana en el que depositaron sus temores, sus súplicas y su deseo de sobrevivir. Al prenderle fuego, creían que también se consumía el mal que los amenazaba.
Con el paso del tiempo, aquel acto sencillo se transformó en una ceremonia profundamente simbólica. Hoy, el Caballero de Fuego recorre las calles de Nunkiní acompañado por música de charanga y por familias enteras que caminan a su lado. Los pañuelos amarrados a sus brazos, los sombreros, los zapatos y el dinero que lo acompañan no son simples adornos, son promesas cumplidas, agradecimientos por la salud recuperada y peticiones para el año que comienza.
En 1991, la tradición se amplió con la incorporación de una segunda figura; la Mestiza, conocida como Xunáan K’áak. Su origen está ligado a otra etapa difícil para el pueblo, una epidemia de cólera que llevó a los habitantes a crearla como símbolo de protección y equilibrio. Desde entonces, ambas figuras caminan juntas, recordando que el poblado ha sabido resistir y cuidarse unida.
El momento más esperado llega frente a la iglesia, cuando el fuego y la pólvora envuelven a las figuras. Tras la quema, los pobladores se acercan para recoger fragmentos de las vestimentas u ofrendas chamuscadas. Para muchos, esos restos guardan un poder especial, protegen el hogar, atraen la salud y alejan el mal. Pero también representan un compromiso, volver al año siguiente para agradecer y renovar la fe.
La ceremonia se realiza dos veces al año en abril, cuando el Caballero de Fuego recorre solo las calles, y en noviembre, cuando lo acompaña la Mestiza. Así, generación tras generación, Nunkiní mantiene viva una de sus tradiciones más significativas, un ritual que habla de resistencia, creencia y de la profunda conexión entre la población y su historia.
Campeche, Mex. 2025