Una de ellas es el quexquemitl (en totonaco tapún o quexquén) típico del pueblo, bordado y tejido a mano, en telar de cintura. La vestimenta de los pueblos del municipio además incluye las de los pueblos otomíes y tepehuas. Además del tejido típico, la variedad gastronómica es inmensa y poco conocida en el exterior. Debido a la convivencia de tres grupos mesoamericanos, se pueden encontrar en dist
intas localidades del municipio muestras gastronómicas de las culturas totonaca, otomí y tepehua. Por citar algunas muestras de ello, los platillos de origen totonaco constan de una variedad de pascal (telakgasual) de ajonjolí o semillas de calabaza (pipián) entre otros ingredientes, y comida a base de numerosos cultivos de Pantepec. De procedencia tepehua, el pascal de pescado es representante de Mecapalapa, en donde se consume además el zacahuil. El mole también se prepara en las localidades del municipio. Parece tener similitudes con el mole poblano, pero en la región de Pantepec las recetas de este platillo son más variadas. Se acostumbra comerlo en festividades importantes y en ofrendas, especialmente en Todos Santos (Xantolo o Santoro). En cuando a danzas y música, sobresalen los santiaguinos (lisantiago), muestra de una práctica sagrada. Otras danzas son de los tocotines y negritos. La música que acompaña a la danza de los santiagueros se compone de una flauta o carrizo y un tambor de cuero, cuyos tonos recuerdan a la música prehispànica. La música ritual es también un exponente de las culturas totonaca, otomí y tepehua, herederas de prácticas ancestrales y ritmos mesoamericanos. La música totonaca de arpa y violín es sagrada, de ritmos muy alegres. Se interpreta en diversos rituales y consta de un ejecutante de arpa y un violinista. En la música otomi intervienen un violín y una guitarra huasteca, generalmente, y a veces, la jarana. Finalmente, la tepehua puede llevar los mismos instrumentos, violín y guitarra huapanguera. Según deversos testimonios, en ocasión de Tawilat o Tawilate (ofrenda a la tierra), se ejecuta la música ritual y la gente que interviene en ella puede llevar sonajas, hechas de güiras o cucurbitáceas pequeñas (guajes), que llevan en su interior semillas, especialmente de papatla. La música fúnebre se compone por los instrumentos del son huasteco: violín, guitarra huasteca y jarana. Se interpreta especialmente en el cortejo fúnebre de las familias de origen totonaca u otomí. El ritmo suele ser lento, de compases de 2/4 o 4/4.