12/01/2026
Un caleidoscopio es el desierto: basta parpadear para que cambie. El rojo se desliza sobre el azul como si alguien hubiera movido apenas el tubo del mundo, y entonces todo se reacomoda arbitrariamente. Las montañas se conjugan con el horizonte, que se estira, se encoge, vuelve a empezar. Uno mira creyendo que observa un paisaje, pero en realidad es el desierto el que nos está mirando, probando combinaciones, decidiendo en qué color va a dejarnos esta vez.
Texto y foto: Luis Rodríguez Araiza