29/04/2026
Y se dejó abrazar por el viento como quien aprende , por fin, a soltarse.
No había prisa en sus pasos, ni miedo en su piel descubierta; solo una certeza suave: la de pertenecer(se).
Ahí, entre la brisa y la sal, entiendo que el amor propio, no es un destino, si no un regreso. Un volver a si misma, a su esencia más pura.