08/06/2026
¿Por qué hago Bo***ir?
Me lo preguntan seguido. Y la respuesta no tiene que ver con la fotografía… tiene que ver con lo que pasa frente a mi cámara.
Hago Bo***ir porque he visto a demasiadas mujeres mirarse al espejo y solo encontrar lo que les falta. La lonjita. La arruga nueva. El cuerpo que ya no es el de los 25. Vivimos años aprendiendo a vernos con ojos críticos, señalando, corrigiendo, escondiendo. Y un día dejamos de mirarnos por completo.
Hago Bo***ir para interrumpir eso.
Para que una mujer entre a la sesión nerviosa, insegura, convencida de que “ella no es de las que se toman estas fotos”… y salga viéndose de una manera que llevaba años sin permitirse. No porque la haya transformado, sino porque por fin se vio como realmente es: poderosa, sensual, suficiente. Tal cual.
Por eso no edito cuerpos. No borro estrías, no adelgazo cinturas, no invento una mujer que no existe. Porque el día que recibes tus fotos y reconoces que esa eres tú —de verdad tú— algo cambia por dentro. Y ese cambio no se borra.
He fotografiado a mujeres antes de una boda, después de un divorcio, tras una enfermedad, al cumplir 50, al volver a empezar. Cada una llegó con una historia distinta. Todas se fueron con la misma sensación: la de haberse reencontrado.
Porque una mujer no tiene fecha de caducidad. No a los 30, no a los 40, no a los 60. La belleza no es algo que se va con los años… es algo que aprendemos a dejar de ver. Y mi trabajo es ayudarte a verla otra vez.
Eso es el Bo***ir para mí. No son fotos bonitas. Es devolverte a ti misma.
Y si estás leyendo esto y algo dentro de ti se movió… quizá ya sabes que es tu momento. 🤍
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