08/09/2026
LA VARA DESMEDIDA
JOSÉ DE JESÚS VALDERRAMA PÉREZ
En Colima tiene un tiempo ya desarrollándose una nueva especialidad periodística: el riultismo.
Consiste en encontrar cualquier problema, de preferencia uno que exista desde hace años, y preguntarse con absoluta seriedad: “¿Y qué está haciendo Riult?”
¿Hay basura? Riult.
¿Hay un bache? Riult.
¿Hay inseguridad? Riult.
¿Llueve y se inunda una calle? Evidentemente, Riult.
¿Algunos roedores de muchos años se asoman al jardín? Riult les puso el queso.
¿El perro del vecino no quiso comer croquetas? Habrá que investigar si el presidente municipal no tuvo algo que ver.
La fórmula es maravillosa porque elimina de golpe al Estado, a la Federación, a los otros nueve municipios, a los gobiernos anteriores y hasta a la madre naturaleza.
Todo mal sale de una sola oficina: la Presidencia Municipal de Colima.
Lo verdaderamente curioso es que la vara parece tener consigna, sesgo pues. Cuando apunta hacia Riult, detecta la hoja que arrastró el viento hasta la puerta de tu casa. Cuando quiere medir problemas semejantes en otros municipios, misteriosamente se hace chiquita.
Porque resulta que la inseguridad no conoce fronteras municipales. Los problemas de servicios públicos tampoco. El deterioro urbano menos. Pero para ciertos "especialistas" en indignación selectiva, parece que sí existe una frontera muy clara: aquí termina el problema y empieza Riult.
En el extremo, ahí está el caso de la Torre Bastión. Una obra que, según se ha informado, pretende realizarse como un proyecto impulsado con participación social y sin costo para el erario.Pero eso no importa, hay que levantar sospecha, hay que ironizar y meter ruido. Total, ya en otros 500 años vemos si conmemoramos o no.
Porque en esta escuela de periodismo, si Riult respira, construye, anuncia o no anuncia, probablemente sea propaganda.
Hacer bien o mal algo es irrelevante, lo que tiene que tener relumbrón es lo equivocado que está Riult.
La crítica y la vigilancia son necesarias. Lo que resulta bastante menos saludable es la obsesión.
Porque cuando un alcalde se convierte en culpable automático de todo, ya no estamos frente a periodismo crítico, estamos frente a la consigna programada.
¿Tiene errores? ¡Claro! Todos los tenemos. Lo raro es que esa vara nada más quiere medirlo a él.
¿Por qué será?