04/09/2026
Siempre de la mano
Cuando una persona nos dice que ya no quiere vivir, es común que el miedo nos gane y que, con la intención de ayudar, respondamos rápidamente: eit, pero fijate en todo lo bueno que tienes, piensa en tu familia en el dolor que le vas a causar, oye todo pasa, y el clásico "hay personas que están viviendo cosas peores"
Aunque estas palabras pueden venir del amor y la preocupación, en ese momento no ayudan. Pueden hacer que la persona se sienta culpable por pensar así, poco comprendida o incluso más sola.
Quien está atravesando una crisis suicida no necesita que le expliquemos por qué debería querer vivir, la persona en su mayoría de las veces lo sabe, solo que el dolor es tan grande que no logra que sean lo suficiente para poder encontrar el sentido de vivir. Lo que la persona necesita es encontrar un espacio seguro donde pueda hablar de su dolor sin ser juzgado, regañado, cuestionado ni obligado a sentirse mejor de inmediato.
Existen frases que nos pueden ayudar mucho para que la persona se sienta en dicho lugar seguro: gracias por confiarme tu sentir, lo que sientes es válido, aquí estoy para ayudarte a buscar ayuda.
Acompañar también significa escuchar con calma, preguntar directamente si existe un riesgo inmediato y no dejar sola a la persona mientras conseguimos apoyo profesional. Si es posible, debemos disminuir el acceso a cualquier objeto, sustancia o situación con la que pudiera lastimarse y acudir a los servicios de emergencia cuando sea necesario.
No tenemos que convertirnos en especialistas ni encontrar una frase capaz de resolver todo su dolor. Pero sí podemos permanecer, tomar en serio lo que nos está diciendo y ayudarle a llegar hasta la atención que necesita.
A veces pensamos que acompañar consiste en dar consejos. En realidad, muchas veces comienza con algo mucho más sencillo y más humano: escuchar sin juzgar y hacerle saber a la persona que, en ese momento, no está sola.
Psic. Mio Orduño 🌹
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Maria Miozotli Orduno Jimenez