16/04/2024
Esto es un chivo y un mimo y agradecimiento a la buena de María Moreno. Hay dos posibilidades o circunstanciales de tiempo y lugar en cuanto a cuándo la conocí. Opción 1) De vuelta de España en el viejo diario Tiempo Argentino, no el actual recupeado por los compañeros, sino ese moderno nacido al final de la dictadura, de bello diseño y unas cuantas modernidades, qye terminó mal a manos de la Coordinadora. A través de Jorge Dorio y Martín Caparrós publiqué mis primeras colaboraciones "argentinas" en ese diario, en una sección feminista de época que llevaban María y un par de compañeras valiosas. Puede que una de ellas fuera Alicia Entel. Yo debía firmar con nombre de mujer por lo cual Dorio-Caparrós impusieron el nombre de Celeste Roca, traducción aproximada de mi apellido, que en mapuche sería Calfucurá, Piedra Azul. Opción 2: en la revista El Porteño, donde María, además de ser alma bonita de la banda general, publicaba en la última página una columna titulada El Gato Montés (¿o gato a secas?). Recuerdo una conversación que me perplejó. Ella diciendo con culpa -éramos muy jóvenes- que se sentía algo culposa o boluda por no haberse enterado o militado lo suficiente en dictadura cuando trabajaba para 7 Días. Algo parecido.
Hace 40 años que la conozco y no somos amigos. Hay un cariño de por medio y de mi parte mucha admiración. Lo único que no le entusiasmaba a mi intolerancia -lo hablamos- era el entusiasmo weird de María por figuras como la Coca Sarli. Bastante pavota mi intolerancia. Como sea, María creció una barbaridá, la quiero a distancia y además es muy simpática la muy pilla.
La parte del chivo: tuvo a bien María escribir de gauchada un prólogo para lo que ahora mismo es mi penúltima novela: El reino de Fu Sang (Salta el Pez), donde mi dí el gustazo de incorporar a Los Beatles como personajes. Yo no lo sabía al escribirla pero ella dice que la novela rescata la utopía en tiempos de distopía. Es una utopía medio pop, casi de cuento de hadas, nada serio. Yo la entiendo como mi novela más liviana y eso que hay un apocalipsis medio en joda y alguna que otra profecía sobre el mundo en la que la pegué por leer el mundo.
La novela la va a presentar el querido y respetado Sergio Pujol, quien dijo que sí nos hermos conocido en el mundo real y yo, que soy bastante pelotudo, no me acordaba. Va a ser el 26 de abril a las 18.30 en la librería Las Dos Orillas, en la calle de otro ídolo Lucio V. Mansilla, prócer del Nuevo Periodismo, tomá.
Esto escribió María como prólogo. Gracias.
"Utopía buffa, utopía al fin.
La distopía está de moda. Pedagogía-advertencia contra los totalitarismos vencedores, la ciencia y la técnica al servicio de poderes deshumanizantes, triunfo de Gran Hermano, la distopía captura a los lectores haciéndolos soñar (consuelo de tontos) con que todo (su realidad capitalista sudaca) podría ser peor.
Eduardo Blaustein, en cambio, se ocupa de lo contrario, la utopía, rescatándola de su reciente sentido reaccionario de sueño imposible e insensato, de revolución perdida o traicionada, devolviéndola a su sentido original de sociedad igualitaria y feliz.
El reino de Fu Sang, su búsqueda, tiene avatares tecnológicos, guerras con aparente fin del mundo, amores conversados (por chat o algo parecido) y realizado con mucho coger con g y pará de contar porque una contratapa –o algún prólogo- no es un resumen sino un elogio que aspira ser contagioso y sincero (y en este caso lo es). Ahí va: con muchas palabras en inglés, una gran potencia (China) fascinada con lo argento como personaje, y como si lo argento hubiera logrado que se cumpliera, por fin, el slogan político de volver a enamorar, Blaustein recoge la pluma socarrona de Arturo Jaureche, Roberto Fontanarrosa, Arturo Cancela y Juan José de Zoisa Reilly, escritores que abogaban por una lengua nacional porosa a los saberes populares, al ingenio de los juegos de palabras de todos los días, finísima en sus invenciones impredecibles. Digresión: es una pena que, en el último siglo, se impusiera la “dimensión trágica” y no las escrituras felices.
Esta utopía buffa, contrabandista de una biografía de los Beatles tarareada con sus letras mejores, y que cuenta la épica flotante chino-argentina a través de la Mao, nave Cuna que transporta a 10.000 elegidos llamados remembrantes, en principio secuestrados, evoca asociaciones inquietantes:
“Diez mil embutidos conectados a cables y sueros y descargas de bits (…) neuroquímicos, regeneradores celulares, programas de memoria”. Como si ésta fuera la versión invertida, post judicial y futurista del secuestro y la desaparición. Pero no se trata de una fábula negacionista, ni de un olvido, sino de un Mito, esa llave maestra para, desde la tradición, hacer fluir el pensamiento en el presente.
Utopía barroca, y colorida como en un Todo por dos pesos, en El reino de Fu Sang hay niñas chinas con colitas que leen el futuro, posters de Bruce Lee y de Mao, cataratas lejanas, , recuerdos de las sierras de Córdoba, música de Chopin sin las partes dolorosas, ositos panda, muñecos de Larguirucho y de los Mundiales '78, ’86 y 2022, Messi y Maradona, presidentes yankees chorreados con kétchup y salsa barbacoa, Borges y rock nacional, fotos del obelisco y de Tilcara , olor repollo, películas de artes marciales, ceniceros con la marca Cinzano, obligaciones onda Che Guevara (humanismo marxista o endurecerse sin perder la ternura), locro y empanadas…¡ah!.. y mucho coger con g".
La foto célebre con que ilustro este posteo excesivo hace a la trama.