Quizás conviene decir que nos conocimos cuando los dos teníamos 16 años, y que desde entonces no nos separamos nunca. Quizá porque a los dos nos encanta la música, el dibujo, el cine, las series y las fotos, o quizá porque somos tan parecidos como distintos… sí… quizá sea eso. Porque miramos todo desde dos lugares diferentes, cuando uno ve hermosas nubes, el otro ve el débil sol que se cuela entre
los árboles. Cuando uno mira las sonrisas, el otro mira los ojos, o el pelo, o las manos. Porque cuando estamos fotografiando a una pareja, uno cuida los detalles del vestido o el pelo, mientras que el otro mira las luces en las paredes o en el río. Es uno de los dos el que entiende más a las cumpleañeras en cuestiones de chicas mientras que el otro le saca una sonrisa con algún comentario. Quizá sea por tantos años de amor que nos decidimos a fotografiar parejas, porque sabemos que cada momento que pasamos juntos es especial, y que son la suma de éstos los que escriben nuestra historia. Cada risa, paseo, caricia, beso, amigos, cada uno de estos detalles son los que contamos en nuestras fotos. También quizá sea porque no hace tanto que dejamos de ser adolescentes (o eso queremos creer) que nos reímos de lo mismo con las chicas, y gracias a ellas nos ponemos un poco al día con todas las cosas que están en onda. Porque de cada una de las charlas que tenemos juntos aprendemos qué les gusta, qué les da vergüenza, y qué sueñan. Porque somos dos… que son uno.