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geography024 Blog personal. Creador de fotografía artística y conceptual. Bienvenido a mi galería, espero la disfrutes...

Sábado negro.El manto púrpura guarda el luto del cielo,las piedras sostienen el peso del mundo,y los clavos…aún atravies...
04/04/2026

Sábado negro.
El manto púrpura guarda el luto del cielo,
las piedras sostienen el peso del mundo,
y los clavos…
aún atraviesan el silencio.
La corona de espinas no se marchita,
la herida no se cierra,
y una sola llama insiste
en desafiar la oscuridad.
Todo está suspendido.
Ni muerte… ni gloria.
Solo la eternidad
respirando en los clavos.

Alunizado, café en mano,viendo la Tierra como quien ya no pertenece.Que venga Artemis II a ver de largo…yo llevo rato es...
02/04/2026

Alunizado, café en mano,
viendo la Tierra como quien ya no pertenece.
Que venga Artemis II a ver de largo…
yo llevo rato esperándolo.

Ya empezaron...
24/03/2026

Ya empezaron...

Donde el mimbre recuerdaDicen en el camino a Saltiacotitan que hay una tienda donde el tiempo no se vende… se teje.Nadie...
22/03/2026

Donde el mimbre recuerda

Dicen en el camino a Saltiacotitan que hay una tienda donde el tiempo no se vende… se teje.

Nadie sabe desde cuándo está ahí. Algunos aseguran que apareció una madrugada, como si la hubieran sembrado entre el polvo y el calor, y que desde entonces ha permanecido igual, respirando lentamente, como los árboles viejos que ya no crecen pero tampoco mueren.
Las canastas no son objetos. Son recipientes de memoria.

Si uno se acerca lo suficiente y sin prisa, sin intención, puede escuchar cómo sus fibras susurran nombres olvidados, risas de niños que ya son abuelos, promesas que nunca se cumplieron.

La mujer que camina con la canasta sobre la cabeza no siempre ha estado allí… pero tampoco se ha ido nunca.
Algunos dicen que es la misma desde hace décadas, que no envejece, que cada paso suyo sostiene el equilibrio de algo más grande que ella: el peso invisible de lo que el mundo moderno ha dejado atrás.
No habla. No necesita hacerlo.
Su andar es un idioma antiguo.

El paletero, en cambio, sí pertenece al tiempo.
Aparece y desaparece como una campanada de azúcar en medio del calor. Sus colores rojo, verde, azul, son los únicos que no obedecen al dorado solemne del lugar. Pero incluso él, sin saberlo, baja la voz cuando pasa frente a la tienda, como si temiera despertar algo que duerme entre las sombras de las lámparas de mimbre.

Al atardecer, cuando la luz se vuelve espesa y dorada, ocurre lo inevitable:
las sombras de las canastas comienzan a moverse solas.
No es viento.
Es recuerdo.
Las formas proyectadas en la pared se transforman en manos que tejen, en cuerpos que esperan, en historias que se repiten una y otra vez, como si el lugar se negara a olvidar a quienes lo habitaron.

Y entonces, por un instante, breve, casi imperceptible,
la carretera deja de ser camino…
y se convierte en frontera.
Quien cruza, no siempre regresa siendo el mismo.

Hay lugares donde uno compra objetos…
y hay otros, como este, donde sin darse cuenta…
uno deja algo de sí, para siempre, entre las fibras del tiempo.

Cinco panes. Dos peces. Y una verdad que incomoda.Antes del milagro, hubo silencio.Antes de la abundancia, hubo escasez....
22/03/2026

Cinco panes. Dos peces. Y una verdad que incomoda.
Antes del milagro, hubo silencio.
Antes de la abundancia, hubo escasez.
Nada apareció de la nada.
Todo fue tomado… bendecido… y partido.
Porque así opera lo sagrado:
no multiplicando lo que sobra,
sino exigiendo lo poco… hasta quebrarlo.
Y en ese quiebre —solo ahí—
lo insuficiente se vuelve eterno.

Cinco panes. Dos peces. Y la inminencia del sacrificio.No hay milagro sin antesala de muerte.No hay abundancia sin fract...
22/03/2026

Cinco panes. Dos peces. Y la inminencia del sacrificio.
No hay milagro sin antesala de muerte.
No hay abundancia sin fractura.
Aquí no vemos alimento:
vemos lo que será entregado.
El pan aún no ha sido partido,
pero ya está condenado a ser cuerpo.
Los peces yacen en silencio, brillantes…
como si supieran que toda provisión exige una pérdida.
La luz no consuela.
Revela.
Revela que el hambre del mundo no se sacia con esperanza,
sino con materia quebrada,
con vida ofrecida,
con lo poco llevado hasta su último límite.
Así es la ley —no discutible, no negociable—:
todo lo que alimenta, primero debe ser herido.
Y en vísperas de Semana Santa, la imagen deja de ser símbolo
y se convierte en doctrina:
No fue el pan lo que se multiplicó.
Fue el sacrificio.
Porque lo divino no evita la ruptura…
la exige.
Y solo aquello que es partido,
bendecido
y entregado,
tiene el derecho, y la condena, de volverse infinito.

El mar respira…y por un segundo, revela su alma.En medio de la inmensidad, una presencia emerge, antigua, poderosa, sile...
17/03/2026

El mar respira…
y por un segundo, revela su alma.
En medio de la inmensidad, una presencia emerge, antigua, poderosa, silenciosa.
No salta… irrumpe en el tiempo.
Y nosotros, diminutos, apenas alcanzamos a comprender que fuimos testigos.

Las jorobadas (Humpback Whale) tienen las aletas pectorales más largas de todas las ballenas, a veces hasta 5 metros.
16/03/2026

Las jorobadas (Humpback Whale) tienen las aletas pectorales más largas de todas las ballenas, a veces hasta 5 metros.

Los Cóbanos, Sonsonate, El Salvador.Una lancha pequeña, el océano inmenso y, de pronto, el salto de una ballena rompiend...
16/03/2026

Los Cóbanos, Sonsonate, El Salvador.
Una lancha pequeña, el océano inmenso y, de pronto, el salto de una ballena rompiendo la superficie.
Hay momentos en que el mar revela su grandeza.

Suchitoto “Lugar de Pájaros Floridos” no guarda su tesoro bajo tierra.Lo guarda en la luz.Cuentan que una tarde nublada,...
23/02/2026

Suchitoto “Lugar de Pájaros Floridos” no guarda su tesoro bajo tierra.
Lo guarda en la luz.

Cuentan que una tarde nublada, cuando el cielo se puso dramático sobre la iglesia de Santa Lucía, un forastero llegó buscando oro enterrado.
Le hablaron del Tabudo que ronda las calles empedradas y de la Siguanaba que se asoma entre los árboles del lago Suchitlán. Le advirtieron que no caminara solo al anochecer.
Pero él caminó.
Pasó frente a las casas blancas con puertas de madera antigua, frente al puesto de tostadas donde el aceite cantaba como si supiera secretos, frente a fachadas naranja y amarillo que ardían sin quemarse. Vio niños corriendo, perros cruzando la calle, una mujer leyendo bajo un balcón florecido.
Y entendió.
El Tabudo no custodiaba oro.
La Siguanaba no buscaba asustar.
Ambos protegían algo más valioso: la memoria.
Porque en Suchitoto el verdadero tesoro no brilla; permanece.
Está en las piedras que han resistido siglos.
En la fe blanca de su iglesia.
En el lago que guarda el reflejo del cielo.
En su gente que vive despacio, pero profundo.
El forastero se fue sin monedas.
Pero se llevó algo mejor:
la certeza de que hay lugares donde el tiempo no se detiene…
solo aprende a florecer.

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