19/05/2026
Inter duo limina transit
Transita entre dos umbrales
Serie: Psicopompos
En los antiguos mapas del cielo interior se hablaba de un ciervo alado que aparecía cuando el alma quedaba suspendida entre dos estados de conciencia. Sus patas recordaban el peso de la tierra y sus alas conocían las rutas invisibles del firmamento. Ningún templo lo reclamaba por completo, pues su morada estaba en el espacio intermedio, allí donde una forma comienza a disolverse y otra aún no ha recibido nombre.
Los antiguos lo llamaban Limen, el Guardián de los Dos Umbrales.
Decían que Limen acompañaba el instante en que una realidad se desprendía de otra. Aparecía entre dos lunas: una custodiaba la memoria de lo vivido y la otra abría el rostro del porvenir. Bajo su vuelo, el alma aprendía a permanecer en el tránsito sin romperse, a escuchar el movimiento secreto de aquello que cambia antes de revelarse.
Sobre su cabeza llevaba astas luminosas. Cada luz era un punto de iluminación en el camino del cambio, una señal encendida para aprender a transformarse. Los antiguos decían que esas luces no alumbraban el sendero exterior, sino el interior: ayudaban al caminante a mirar más allá de su propia sombra y a distinguir, dentro de la oscuridad, la forma secreta de aquello que estaba naciendo.
Su inscripción decía: Inter duo limina transit. Transita entre dos umbrales. Porque Limen conocía el secreto de los cambios profundos: el alma avanza en círculos, vuelve, duda, se eleva, desciende, y solo al reconocer ambos lados del umbral puede continuar su viaje.