08/08/2019
La jagua, un antiquísimo tinte
Se trata de una fruta que los indígenas emberá wounaán utilizan para tatuarse la piel y protegerse de los insectos y de las inclemencias del sol.
Era joven, bella y se llamaba Dabeiba. Una vez, según cuenta la leyenda, llegó a tierras cercanas al río Atrato a enseñarles a los indígenas diversos oficios, como tejer esteras, canastas y hermosas telas.
Su generosidad era tanta que, al mismo tiempo, les reveló secretos para perfeccionar la cerámica y obtener tinturas para embellecer el cuerpo y proteger la dentadura.
Todo esto lo aprendieron los indígenas de la etnia emberá-katíos, que habitaban la región comprendida entre lo que es hoy la provincia de Darién, hasta la región de Urabá, en la cuenca del río Atrato, en Colombia.
Para pintarse el cuerpo, la leyenda señala que Dabeiba les enseñó a usar la jagua, una fruta cuya fragancia y sabor son parecidos a los de la pera.Esta fruta nace de un árbol cuya altura puede alcanzar de 30 a 60 metros; de corteza lisa, color claro, con hojas verdes y cuyo hábitat natural son las tierras bajas.
Además del legado y cumplida su misión civilizadora, una mañana, sin avisar y atendiendo el llamado de su padre Caragabí, la diosa Dabeiba subió al cielo desde la cima del cerro León y desde allí protege a los hombres y preside fenómenos naturales como la lluvia, los huracanes, rayos y terremotos.
Por eso, cuentan los ancianos de la comarca Emberá-Wounaán que cuando llueve, tiembla la tierra u ocurren truenos y fuertes vientos, es Dabeiba quien hace señas para que no la olviden.