28/08/2026
A veces parece que necesitamos demostrar que estuvimos allí antes que simplemente estar allí.
En esta imagen vemos a dos personas: una aplaude, la otra graba con su teléfono. Y entre ambas, bajo la lluvia, la Virgen del Rocío a su llegada a Almonte tras siete años de espera.
Y me pregunto: ¿quién de los dos está viviendo más el momento?
Vivimos en una época en la que parece que necesitamos registrar todo. Un concierto, una procesión, un viaje, un encuentro, un instante irrepetible… Siempre hay un teléfono delante.
Y no me refiero únicamente a sacar el móvil durante unos segundos para guardar un recuerdo, o de hacer llegar ese momento a un amigo o familiar para hacerle partícipe, hablo de cuando dejamos de sentir para empezar a grabar. Cuando dejamos de estar presentes porque estamos pendientes de que aquello quede registrado.
Y es curioso porque, con la excusa de querer conservarlo todo, podemos terminar perdiéndonos precisamente aquello que queríamos recordar.
Quizás dentro de unos años tengamos cientos, miles de fotos o vídeos de todos esos momentos. Pero… ¿cuántos habremos vivido realmente?
Esta fotografía me hace pensar en eso.
En la diferencia entre captar un momento y vivirlo, entre mirar a través de una pantalla y levantar la mirada, entre querer conservarlo todo y, simplemente, estar presente.
Porque hay momentos que no necesitan ser grabados: sólo necesitan ser vividos.