08/05/2026
Orden y azar.
La escena es tan sencilla como difícil de capturar. Requiere ajustar cada detalle: parámetros, encuadre, logística… y, sobre todo, paciencia. Mucha paciencia para atrapar ese instante exacto en el que la gota cae perfecta sobre la bola de cera; ni antes ni después, justo en el instante preciso. Y aun así, hay algo que escapa a cualquier cálculo: el factor humano. Un pulso que tiembla, una respiración que se adelanta, un gesto mínimo que lo cambia todo. Es precisamente ahí donde la imagen deja de ser solo técnica y se vuelve viva, impredecible.
Porque la constancia y el esfuerzo preparan el momento, pero nunca lo garantizan. Y es en esa incertidumbre donde lo capturado se vuelve único, irrepetible.