17/06/2026
Después de ver varias publicaciones de compañeros de profesión, me ha surgido una reflexión. A veces tengo la sensación de que, sin darnos cuenta, terminamos creando más para encajar o gustar que para sentirnos realmente identificados con lo que hacemos. Seguimos tendencias porque funcionan, porque son lo que se lleva o porque parecen el camino más seguro, aunque no siempre conecten con nuestra forma de entender la creatividad.
Lo digo también desde la experiencia propia. En más de una ocasión me he visto haciendo cosas porque era lo que estaba haciendo todo el mundo, dejándome llevar por corrientes o estilos que parecían tener más aceptación. Y aunque no hay nada malo en inspirarse o probar caminos diferentes, con el tiempo he entendido la importancia de preguntarme si aquello que estoy creando también me representa.
Quizá ahí es donde, a veces, corremos el riesgo de perder algo muy valioso: aquello que nos hace únicos. Porque si algo hace bonita esta profesión es precisamente la variedad, las distintas sensibilidades y las infinitas formas de crear, mirar y expresarse. No todos tenemos que comunicar de la misma manera ni seguir la misma dirección. De hecho, es en esas diferencias donde nace gran parte de la riqueza de nuestro trabajo.
Creo que encontrar nuestra propia voz requiere tiempo, pruebas, errores y evolución. Pero cuando lo que mostramos se parece realmente a quienes somos, nuestro trabajo adquiere una autenticidad que ninguna tendencia puede sustituir. (🙏🏻❤️)
El fotón de mi paca