29/01/2026
En el templo del tiempo, sin paredes ni rito,
madre e hija, un solo aliento, un infinito.
Manos que buscan, que se encuentran y entrelazan, puentes de amor que en el aire trazan.
La sabiduría ancestral en cada suave paso,
la inocencia despierta en el abrazo.
Un espejo de almas, reflejo en movimiento,
el eco de la vida, su más puro sustento.
Giran en un círculo sagrado, sin final,
la energía de la tierra, la fuerza espiritual.
La madre guía, con la vista en el futuro,
la hija aprende, su sendero aún oscuro.
Pero en la danza, se ilumina el camino,
un lazo invisible, un destino divino.
No hay palabras, solo el ser que se revela,
el amor más puro, que en cada gesto vela.
Y al final de la música, en un dulce reposo,
permanece el eco de un amor valioso.
Dos espíritus unidos, danzando en la memoria, tejiendo juntas una eterna historia.
momentosefimeros