El primero es la excelencia en las imágenes que creamos. Nos esforzamos en lograr las imágenes más bellas que podemos con las condiciones que nos encontramos. Por ejemplo con la búsqueda de la mejor luz. La fotografía es luz y si esta es bella la imagen lo será también. No existe fotografía bella cuya luz no lo sea también. Los diferentes tipos de luz que existen aportan sensaciones distintas. Y n
osotros estamos acostumbrados a trabajar con todas ellas, se trate de luz natural o artificial. Y cuando la luz existente no sirve la creamos con nuestros flashes. El segundo principio podría resumirse diciendo que más que reporteros nos consideramos fotógrafos de sentimientos. Es en éstos, a través de los rostros y las miradas de los fotografiados, en lo que ponemos el acento. Lo que queremos contar va sobre emociones. Las bodas pueden parecerse entre sí como rito o tradición, pero lo que se vive en ellas es único porque las personas que lo protagonizan son únicas. Por eso nuestras fotos son espontáneas. Por eso no hacemos posar a los novios. Queremos reflejar lo que allí se vivió de verdad. Pero esto hace necesario un trabajo en equipo. Entre vosotros y nosotros. Y aunque nos esforzamos en haceros sentir cómodos, hay algo que tendréis que poner de vuestra parte: el sentimiento. Vuestras miradas cómplices, vuestras risas incluso las lágrimas de emoción tendrán que ser auténticas. Eso no podemos simularlo con Photoshop. Y el tercer principio es la personalización. Como decimos más arriba, consideramos que cada boda o cada evento son únicos. Las personas que fotografiamos son únicas. ¿Por qué hacer entonces las mismas fotos para todo el mundo? Nosotros no hacemos esto. De hecho pasamos mucho tiempo con las parejas (o con los clientes que nos encargan sus trabajos) para decidir el estilo de fotografía que usaremos en su reportaje. Nuestro estilo es vuestro estilo. Porque sentimos que estamos a vuestra disposición y que las fotos, al final, os tienen que gustar a vosotros.