15/06/2026
Anie 🐾y Gema
Cuando la encontraron, apenas tenía cuatro meses. Estaba abandonada. Poco después descubrieron que era sorda, que había perdido un ojo y que alguien le había cortado las orejas. Todo parecía jugar en su contra.
Pero entonces ocurrió algo que cambió su destino: quien la acogió decidió que ya no tendría que volver a sentirse sola.
Al mirar esta fotografía es imposible no pensar en eso. Ella descansa tranquila en brazos de quien la eligió, mientras detrás aparece un ala que parece recordar algo muy sencillo: a veces los ángeles no tienen plumas perfectas. A veces tienen cicatrices, un ojo menos, silencio en lugar de sonidos y una historia difícil a sus espaldas.
Y aun así, vuelan.
Porque hay heridas que no desaparecen, pero también hay amor capaz de darles un significado nuevo.