Un parpadeo, una milésima que queda en tu memoria por siempre gracias a algo que se detiene en tu interior y ocupa un pequeño espacio en tu mente: un olor, un sonido, una imagen. Empecé a hacer fotos por casualidad, en el instituto. Un profesor interrumpió la clase de Historia del Arte en la que me estaba durmiendo y preguntó quien sabía manejar una cámara réflex, era una oportunidad única para h
uir de los comienzos del arte en la Historia de la humanidad. Confieso que no sabía la diferencia entre una cámara réflex y una que no lo fuera, ni siquiera sabía que era el fotómetro o poner el carrete en la máquina, una Zenit con bastantes más años que yo. Bajé al salón de actos y traté de hacer las fotos que me habían pedido, fué un completo desastre. Una interrupción, la puerta de una clase se abrió y aquel instante cambió mi vida. Pero fue un poco más adelante cuando saltó la chispa, la primera vez que revelé una fotografía. Cuando al tirar una copia de papel fotográfico en una bandeja con líquido revelador y comenzó a aparecer la imagen de una cámara hecha con una caja de zapatos. Mi corazón se aceleró y sentí ese descontrol de cuando algo grande está pasando. ¡Quiero hacer esto el resto de mi vida! Es todo lo que recuerdo de aquel día, antes de que saltara todo por los aires. Este es un de los recuerdos más importantes que hay en mi memoria y tiene un valor inmenso; para mi esencial y su valor es incalculable. En un álbum en mi casa está esa foto borrosa de un patio de mi instituto, para mi un tesoro. Nací y crecí en Ceuta, muy al norte del sur. Con 19 años me marché a Sevilla para estudiar periodismo. Llevo desde 1.998 trabajando en periódicos y ganándome la vida como fotógrafo de prensa. Me hace feliz dedicarme a lo que me gusta; me apasiona 'hacer' recuerdos.