22/08/2026
Son las 00:00 y acabo de cumplir 50 años. Lo digo sin ningún drama: nunca pensé superar la edad de mi padre, que murió a los 35 años, 11 meses y 24 días. Yo tenía 2 años, 4 meses y 1 día. Descubrí estos datos exactos mientras escribía mi primer libro. Los encontré investigando en una especie de memoria sobre un fondo nobiliario del Instituto Salazar y Castro en Extremadura. Toda la vida conviviendo con su ausencia, como quien aprende a caminar con una sombra que no se mueve, pero que siempre te acompaña de una u otra manera.
Siempre celebro los años que dejo atrás, nunca los que cumplo. Para mí, cumplir años es más un acto de resistencia que una fiesta. Sigo pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque sé que esa idea tiene más de refugio melancólico que de certeza. Así que hoy, pasadas las 00:00, mirando atrás al último día de mis 49, me digo para mis adentros: ya está, salieron 49 y entraron los 50. Se terminó una década absolutamente determinante en mi vida. Fue una montaña rusa maravillosa. Y aun así, lo vivo con esa paradoja que ya conozco: me emociona más la víspera que el día después, como si el brillo antiguo de la espera tuviera más verdad que la fecha en sí misma.
Y aunque admito que estoy cansado y muy decepcionado con el mundo, con mi mundo, sigo en pie, resistiendo. Luchando por las dos únicas cosas que nunca me han decepcionado: la curiosidad, ese hilo fino que me ha mantenido vivo incluso cuando todo lo demás parecía apagarse —sí, soy un curioso compulsivo—, y la belleza en su concepto más amplio y abstracto —sí, soy un esteta—.
Así que seguiremos respirando, nunca se sabe cuándo volverá a merecer la pena. Ahora a por el próximo.
*Foto tomada por Jorge Gutierrez Lucena en el puerto pesquero de Nouadhibou, el puerto más importante de