24/08/2026
Creo que una de las cosas más difíciles de cambiar no es lo que va mal.
Es “lo que todavía funciona”.
Porque cuando algo deja de vender, la decisión casi te la toman por ti.
Pero cuando sigue dando dinero, tienes clientes, te conocen por ello y desde fuera parece que todo está bien… ¿con qué argumento dices que quieres mover ficha?
Ahí aparece la culpa.
“Debería estar agradecida.”
“¿Para qué voy a tocarlo si funciona?”
“¿Y si cambio y me equivoco?”
“¿Y si estoy soltando algo que después echo de menos?”
Y creo que ese es uno de los lugares más interesantes y más incómodos en los que puede encontrarse una emprendedora.
Porque a veces no necesitas irte porque algo esté roto.
A veces simplemente ya no quieres construir tu siguiente etapa alrededor de eso.
Y reconocerlo no significa mandar todo a la mi**da mañana.
Significa empezar a escucharlo.
Yo estoy ahí.
Hay cosas que siguen formando parte de mí y probablemente seguirán haciéndolo, pero ya no quiero que ocupen el mismo lugar en mi negocio.
Y estoy aprendiendo a no necesitar que algo vaya mal para darme permiso para cambiarlo.
¿Te quedarías haciendo durante los próximos 10 años exactamente lo que haces hoy? Te leo 🧐