28/11/2025
📸 Selfie-terapia: la historia de cómo aprendí a no pelearme con mi propia imagen
Durante años, confieso que ver una foto mía era… un pequeño deporte de riesgo.
Las arrugas, las ojeras, las canas, el gesto raro, la luz que no era luz…
Siempre encontraba algo que criticar.
Y cuanto más huía de la cámara, más grande se hacía ese rechazo.
Hasta que un día, entre colaboraciones en televisión, fotos improvisadas y cámaras que no perdonan ni el segundo café… me di cuenta de algo simple: la imagen que veía era la mía.
Ni la versión “perfecta”, ni la versión “filtrada”: la mía.
Con mis 54 años, con mi historia, con todo lo que he vivido y todo lo que tengo por aportar.
Ahí empezó mi proceso:
reconciliarme con la cámara para reconciliarme conmigo.
Aceptar que cada arruga es una línea de experiencia y cada sombra bajo los ojos viene de días dándolo todo.
Y que mostrarme tal cual soy no me resta profesionalidad: me da coherencia.
A eso yo lo llamo selfie-terapia.
Porque cuanto más te haces fotos, menos te asustan.
Cuanto más te ves, más te reconoces.
Y cuanto más te reconoces, más seguridad llevas a las reuniones, a las redes, a tu marca personal y a tu vida.
La selfie-terapia no es solo marketing: es autoestima.
No es solo visibilidad: es reconciliación.
Y sí, también ayuda a vender, porque cuando tú estás en paz con tu imagen, esa confianza se nota a kilómetros.
Hoy comparto estas fotos —las de la tele, las del móvil, las improvisadas y las que hice con ganas— como recordatorio de que mi esencia es la que sostiene mi comunicación.
Y que la cámara, al final, no es una enemiga: es un espejo que deja de doler cuando empiezas a reconocerte con cariño.
Y ahora te pregunto, de verdad:
👉 ¿También pasaste por esa etapa de evitar la cámara? ¿O todavía estás en ella?
Cuéntamelo, que nos leemos y nos acompañamos.