02/07/2026
Hay edades que pasan sin hacer ruido.
Un día siguen jugando como siempre… y, casi sin darte cuenta, empiezan a mirarse al espejo de otra manera.
Todavía conservan la inocencia de la infancia, pero ya asoman los primeros rasgos de la persona en la que se convertirán.
Por eso me gusta tanto fotografiar esta etapa.
No les pido que sonrían.
No les digo cómo tienen que posar.
Solo les doy un espacio para que sean ellas.
Y entonces aparece su esencia.
Eso fue lo que pasó con Vera.
Se divirtió, se dejó llevar y convirtió cada rincón del estudio en un lugar donde podía imaginar, jugar y sentirse ella misma.
Dentro de unos años, estas fotos no hablarán de un vestido, de un peinado o de una tendencia.
Hablarán de quién era Vera en este preciso instante.
Y ese recuerdo vale mucho más que cualquier fotografía.
🤍
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