17/11/2025
Ahora que ya se ha acabado mi temporada de bodas...
A veces pienso que la fotografía vive una tensión parecida a la que vemos en otros oficios: esas prendas hechas con mimo en un pequeño taller, frente a las que salen en masa de una cadena que solo busca producir más rápido. No es que una opción sea “mala” y la otra “buena”, pero sí transmiten valores muy distintos. Y creo que en nuestro sector empieza a pasar lo mismo.
En bodas, y en muchos otros trabajos, han aparecido programas que seleccionan fotos solos, editan en bloque y prometen “entregas exprés” con apenas dos clics. Y oye, entiendo por qué existen. Te quitan horas, te ahorran esfuerzo, suben la productividad… pero también dejan una sensación difícil de ignorar: ¿quién está realmente haciendo el trabajo?
Quizá por cómo empecé, yo sigo otro camino.
Cuando llego a casa después de una boda, sigue habiendo un ritual que no quiero perder: descargar, abrir y ver cada imagen, una por una.
No lo hago por romanticismo.
Lo hago porque es la única forma de volver a sentir lo que pasó. De recordar quién se abrazó sin pensarlo, quién se emocionó a escondidas, quién hizo ese gesto mínimo que dice más que cualquier posado. Eso, una IA aún no lo entiende. Selecciona “rostros”, “nitidez”, “composición”… pero no reconoce lo que para mí tiene alma.
Eso la IA... 🖕
Podría delegar esa parte. Podría automatizarlo todo y entregar mucho más rápido. Pero me costaría mirar a un cliente y decirle que esas fotos las he escogido yo, cuando realmente no ha sido así. Y también siento que, si renuncio a esa elección manual, dejo atrás justo lo que me hace fotógrafo.
No sé si soy el único que ve esta frontera tan fina entre apoyarnos en la tecnología y dejar que nos sustituya en lo que es esencial. Porque esto no va solo de imágenes: pasa en diseño, música, ilustración, incluso en profesiones que nada tienen que ver con lo creativo.
Por eso lanzo la pregunta:
¿Dónde está para vosotros el equilibrio?
¿La IA nos está ayudando… o estamos cediendo demasiado sin darnos cuenta?
Me encantará escuchar lo que pensáis, incluso si veis el mundo al revés que yo.
Al final, las conversaciones sinceras son las que de verdad aportan.