02/07/2026
Lynx pardinus (Temminck, 1827); hoy es una ocasión especial, pocas veces publico algo con menos de 6 patas pero la ocasión lo merece.
Para cualquier biólogo o amante de la naturaleza el primer encuentro con esta especie es algo que nunca se olvida y en esta ocasión no podia ser menos.
El primer cruce de miradas se dió a las 3:30 de la madrugada, en plena oscuridad, sus ojos reflejaron la luz de mi frontal. Rápidamente, me di cuenta que no era ni un zorro ni otro animal similar. Entre los candidatos más plausibles estaba la gineta, ya que sus dos bombillas se encontraban muy cerca del suelo, prácticamente a ras de tierra, entre la hierba seca. Poco a poco me dejó acercarme hasta que, como a 15 metros de distancia, me dejó ver toda su belleza. Ahí estaba, tumbado, tranquilo, acostumbrado quizás al hombre y sabiendo que ya no somos una amenaza.
Guardando las distancias y respetando siempre su espacio nos brindó 1h de su tiempo pudiendo disfrutar sus movimientos, su nobleza y su mirada, una mirada que se clava y que eriza todo el vello del cuerpo.
Fue un encuentro casual, pues íbamos detrás de fauna hexápoda, como siempre y eso quizás lo hace más especial.
Llegando al final de nuestro encuentro, se hizo la magia, de nuestros pies se levantó un conejo en su dirección y éste, haciendo honor a su fama de buen cazador hizo lo suyo a 15 metros de nosotros. Un movimiento rápido, una persecución corta y un leve pero intenso chillido nos confirmó su destreza.
Después de eso el rey de Doñana desapareció en la noche como queriendo decirnos "hasta aquí, con la comida no se juega" y nosotros, respetando su voluntad dimos por finalizado el encuentro.
La naturaleza es increíble. Respeta sus tiempos.