07/09/2026
Recreación del Corral del Cura, años setenta .
En la calle Pagés del Corro, en plena Triana, todavía permanece el nombre del viejo Corral del Cura. Lo visité hace poco y, sí, está nuevo, restaurado con esmero y muy bien cuidado. Pero uno no puede evitar pensar que, con las paredes, también se fue buena parte de aquel alma que tenían los antiguos corrales de vecinos.
Porque un corral no era simplemente un patio rodeado de viviendas encaladas. Era una manera de vivir y de convivir. El pozo, el pilón de lavar, la ropa tendida, las sillas bajas tomando el fresco y las conversaciones que iban de una puerta a otra formaban parte del paisaje cotidiano.
Allí se compartían p***s y alegrías, se ayudaba al vecino cuando hacía falta, se criaban los niños entre juegos y regañinas colectivas y, cuando llegaba el verano, cualquier noche podía acabar con una guitarra, unos cantes y ese arte de Triana que no necesitaba escenario.
El Corral del Cura fue testigo de aquella vida vecinal intensa: humilde, estrecha muchas veces, pero también llena de solidaridad, de personajes y de historias.
Hoy luce restaurado y elegante. Pero ya no se escucha el bullicio de la colada, ni las voces desde las galerías, ni el pregón que entraba desde la calle, ni aquellas conversaciones al fresco que podían durar hasta que la noche mandaba recogerse.
Queda el nombre. Quedan las paredes. Y, sobre todo, queda la memoria.
Porque cada corral de vecinos era una pequeña república trianera, con sus propias normas, sus personajes, sus p***s, sus alegrías y su particular manera de entender la vida.
¿Quién recuerda el Corral del Cura cuando todavía era un verdadero corral de vecinos? ¿Qué recuerdos os han contado o habéis vivido allí? Os leo en los comentarios.