25/07/2024
Hay mucho para conocer y experimentar en el macizo de Montserrat ("monte serrado"), la montaña más sagrada de Cataluña, única en el mundo por sus inconfundibles pináculos. Es maravilloso vivir la experiencia de dormir allí, en las antiguas celdas de peregrinos Abat Marcel, reconvertidas en apartamentos contiguos al monasterio, y disfrutar del silencio y las estrellas al caer la noche…
Es mi cuarta vez, pero siempre se descubren nuevos lugares donde perderse. En esta ocasión la novedad ha sido el ascenso hasta el muro que queda en pie, de la que fue “Ermita de Magdalena”. A ella se accede por la empinada “Escalera de Jacob” que asciende vertiginosa entre las peñas y corona la “Miranda de Santa Magdalena”, un monolito con extraordinarias panorámicas, único al que se puede subir a pie.
Sorprende saber que las escultóricas peñas de Montserrat, de apariencia sobrenatural, son los depósitos de cantos rodados y grava que un río torrencial ya desaparecido acumuló en su delta. Todavía asombra más que conforme se iba desecando el delta, los materiales arrastrados por el río fueron cimentándose, quedando lo más antiguo de la tierra en la superficie.
Todos los grandes monolitos rocosos de Montserrat tienen nombre: La Embarazada, la Momia, el Elefante, el Mono, el Centinela, el Loro, la Salamandra o la Procesión de los Monjes… Esto contribuye a acrecentar la sensación de que la naturaleza que envuelve al monasterio configura un escenario mítico o de cuento, donde incluso las rocas tienen algo de seres animados y cierto tipo de conciencia flota en el aire.
Visitar la “santa Cova” donde la leyenda dice que ocurrieron las apariciones, caminar serpenteando entre las crestas hasta el pico de Sant Jeroni (1.236 metros), techo del macizo, o bien emprender paseos más breves hasta las ermitas de Sant Joan y Sant Onofre… todo es pura belleza y Alegría.
En esta montaña se sitúa el santuario y monasterio benedictino de Montserrat, dedicado a la Virgen de Montserrat. Así mismo se encuentra el San Benito de Montserrat que es de monjas benedictinas.
Como curiosidad a destacar, Ericus Sventenius, el creador de nuestro Jardin Canario, vivió en el monasterio benedictino de Montserrat ayudando al monje y Botánico Marcet que fue como su padre espiritual. Tanto le fascinó la vida monacal que allí se convirtió al catolicismo y latinizó su apellido que pasó de svenson a Sventenius, aunque en sus cartas personales usaba a menudo el pseudónimo de Parsifal porque se sentía muy identificado con el héroe wagneriano. Pensó incluso meterse a monje pero Marcet se lo quitó de la cabeza. Allí estuvo hasta que en el 1943 viajó a Canarias. Había llegado a Montserrat en el 34 y se marcha en el 43 a los 33 años, completamente transformado por sus montañas y muy inspirado para realizar su sueño de un edén en Canarias.