29/12/2015
Cuando estaba procesando esta foto, mi padre me observaba mirando sobre mi hombro.
Sé que eso normalmente nos pone nerviosos, pero a mí, curiosamente, que mi padre me observe me da tranquilidad.
"Sube esas sombras, apura más el recorte."
La primera vez que cogí una cámara en las manos, era la cámara de mi padre.
Él me enseñó el misterio que entrañan esos números F. Me descubrió el secreto de las ISOs y las velocidades. Me contagió su pasión.
"No, la cámara se agarra así, se que te parece raro pero te acostumbrarás."
Y me acostumbré.
Porque mi padre, siempre, siempre tiene razón. Alguna vez he desoído su consejo y ha sido una catástrofe.
Todas las niñas adoran a sus papás. son sus héroes de andar por casa. Yo tengo el mío.
Me encanta cuando algún amigo me dice "oye qué tío más de p**a madre es tu padre!" (así, con tacos, la ocasión lo merece).
Mi papá siempre fue capaz de asombrarme, y todavía me asombra, como asombra a todo el que lo conoce.
Oye, cual es el peso atómico del plutonio? Cual era el lago ese que era todo sal y reflejaba el Sol? Qué temperatura toma el desierto de noche? Pregúntale a papá que él seguro lo sabe.
Y lo sabe. No me acostumbro a la capacidad que tiene para saber tantas cosas, no consigo entender dónde mete tanto dato. Es mi enciclopedia a tiempo real.
Admiro su optimismo.
Su bondad.
Y su capacidad de superación.
Esa que hace que alguna vez algún médico lo haya mirado con cara de "no es posible" mientras él sonríe de soslayo y dice "siempre es posible."
Y esta semana, ha vuelto a asombrarme.
Ahora lo admiro como antes, pero un poquito más.
Te quiero papá, mi héroe.
Nunca había dedicado una foto, tú la mereces. Maestro, mentor, amigo, padre.
Va por ti.