05/01/2026
Pasa despacio,
como quien no quiere romper el silencio
que ya existe.
El palio se mece
igual que una soleá antigua,
con ese compás que no se aprende
si no es desde dentro.
Dame la mano,
parece decir la tarde
mientras la calle se estrecha
para acompañarla.
No hay prisa.
Cada paso es un quejío contenido,
cada balanceo
una oración sin palabras.
La ciudad baja la voz
y aprende a andar
al ritmo de la pena dulce.
Bajo el techo bordado
no camina solo el dolor:
camina la esperanza cansada,
la fe que tiembla
pero no se suelta.
Soleá…
dame la mano
para cruzar la noche
sin miedo.
Y Jerez responde
con el alma abierta,
porque sabe
que hay marchas
que no se escuchan:
se sienten
cuando el palio pasa
y todo, por un instante,
aprende a llorar despacio.