13/02/2021
[3/3] A veces amo la quietud, y otras
me desespera. Entonces pongo música con la que
conecto, y me permito bailar libremente, sin miradas,
sin juicios, sin errores.
Dejo que mi cuerpo se meza al ritmo de la música casi
cómo si de un trance se tratara, a veces tanto, que en
un trance se convierte.
Fluyo, subo, bajo, río, lloro... Dejo
que lo que me recorre se exprese al tiempo que se
escapa entre los movimientos suaves e intuitivos de mi cuerpo.
El movimiento permite reconectar con el cuerpo, con la tierra con la madre. Nos activa y al mismo tiempo nos eleva. Hoy te invito a moverte así, sin juicios, sin miedos. En soledad. Por y para ti, sobre todo para ti.
Te envío un abrazo de luz.