04/06/2026
𝗛𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗖𝗲𝗰𝗶𝗹𝗶𝗼 𝗗𝗶𝗮𝘇 𝗱𝗲 𝗟𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝘆 𝗖𝗮𝗿𝗺𝗼𝗻𝗮.
Crónica final del incendio y muerte de Cecilio. Página 2 y siguientes del Diario.
Hoy toca el siguiente episodio de esta triste historia, la crónica final de incendio, donde se detalla el accidente donde Cecilio queda malherido, se le traslada a su casa, para que su partida sea rodeado de su familia y amigos cercanos, pues las heridas sufridas son incompatibles con la vida, y finalmente fallece.
En la lectura de este episodio, es cuando me doy cuenta, con sorpresa, que no es que por su condición de arquitecto municipal, acudió al incendio, sino que en realidad era Jefe del Cuerpo de Zapadores de Granada, y en esa condición es como acude al siniestro.
Deduzco, porque no tengo otra alternativa, que la Jefatura de los Zapadores de Granada, bien pudiera ser bicéfala, siendo una de las cabezas, el finado Cecilio Diaz de Losada y Carmona, en su condición de arquitecto municipal, y por lo tanto, en base a sus conocimientos técnicos, y la otra cabeza, Antonio Afán de Rivera y García de Paredes, como Capitán del Cuerpo de Ingenieros de Granada, y Jefe de la Comandancia de Ingenieros de Granada, deducción que extraigo del relato de los hechos. Pero no lo puedo afirmar con rotundidad, al no haber conseguido mas pruebas de esta circunstancia.
A continuación, os traslado la transcripción, corregida en parte, porque hay algunas expresiones, como las vocales, entonces se acentuaban todas, pero literal en el resto de texto, que ha requerido por mi parte un poquito de esfuerzo y trabajo.
De esta crónica se puede ver de otra manera como era Granada, en el año 1882, y como se comportaba la sociedad y sus clases dirigentes.
𝗖𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗻𝗼𝘁𝗶𝗰𝗶𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗴𝗶𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗗𝗲𝗳𝗲𝗻𝘀𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗚𝗿𝗮𝗻𝗮𝗱𝗮, 𝗱𝗲 𝗳𝗲𝗰𝗵𝗮 𝟭 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗿𝘇𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟴𝟴𝟮.
El incendio de ayer. No nos equivocamos al presentir ayer mañana que el incendio de los almacenes de la calle de Capuchinas sería desastroso: desgraciadamente lo ha sido, y mucho. A las siete y cuarto, que hubimos de cerrar el alcance de nuestro número anterior, ya estaban allí casi todas las autoridades y cuerpos facultativos, entre las que recordamos al Capitán general, señor Andia; Gobernador civil, señor Couder; gobernador militar, señor; Suarez; presidente del Ayuntamiento, señor Gómez Concejales señores Camacho, Gómez (don Emilio), Romera, Sánchez Gallardo (don Gumersindo); juez de primera instancia del Sagrario, don Fernando Ruiz Ruiz; teniente coronel de la Guardia civil, don José Soto Sánchez; comandante, capitán y teniente del misino cuerpo, don José Pedrinaci don Francisco Brotons Carra y don Juan de Arcos López; delegado de Hacienda, señor Mariñez Hubert; jefe de orden público, don Tomás Chamochin; jefe de la guardia Municipal, señor Cuellar; médicos titulares, don José María Delgado, don Leandro Molina y don Juan de Dios Simancas; médicos de! Cuerpo de Zapadores, don José Águila, don Francisco de Paula Jiménez y don Manuel Calvo Flores; diputado provincial, don Gabriel Echevarría; don Antonio Afán de Rivera y García de Paredes, (Capitán del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y Jefe de la Comandancia de Ingenieros de Granada) y numerosos individuos del benemérito cuerpo que dirige.
El cuartel de Sanidad se estableció en la casa del señor Aurioles, sirviéndolo los facultativos titulares y los de bomberos, y el capellán señor Rebollo.
A las siete y media resultaron heridos, en las maniobras del incendio: Manuel Beltrán García, de la escuadra de corto, con una herida incisa en la articulación metacarpofalángica del dedo medio; Diego Linares Ballesteros, de la escuadra de cerco, con herida contusa de seis centímetros de extensión de profundidad hasta el hueso, en la región parietal izquierda del cráneo; Juan Hidalgo de la Higuera, de la escuadra de desalojo, con herida contusa en la región frontal izquierda. El segundo está muy grave: los tres y Agustín Morea Martin, atacados de accidentes nerviosos, fueron curados por los médicos titulares y los de Zapadores.
Las ocho de la mañana serian cuando acaeció un hecho tristísimo y lamentable. El arquitecto municipal, don Cecilio Diaz, que no se separaba un instante de los sitios más peligrosos, subió al tercer piso de la casa número 15, con el objeto de dirigir el corte que hubo de hacerse en la medianería aquella con la que ocupa el almacén de los señores Tejada. El director don José Salas, llegó junto al arquitecto, y preguntándole éste que como iba el incendio por abajo, le contestó que muy mal, aconsejándole que no entrara en la habitación próxima, pues temía que se hundiese su pavimento.
Apenas el Sr. Diaz se quedó solo, notó que humeaba un madero de la techumbre, y, a fin de evitar que el fuego se propagase, pidió a José Rodríguez Santander un cubo, pero, impaciente, no quiso esperar cogió el cubo, y al esfuerzo que hiciera con el propósito de arrojar el agua, se desplomó la humeante techumbre, arrastrándolo tras de sí envuelto en horrible torbellino. Los obstáculos con que tropezó al caer aquella balumba, modificaron la dirección del descenso, de tal modo, que se deslizó en línea oblicua, y vino a detenerse en el almacén de Eufrasio, junto al mostrador, donde precisamente, había un foco de llamas. El infeliz arquitecto cayó de cabeza, produciéndose en el cráneo una herida espantosa, y magullándose atrozmente la cavidad torácica.
Al punto que los zapadores se apercibieron del caso, arrojáronse como lobos a salvar a su Director; uno especialmente, Gabriel Calancha, se metió, con inconcebible arrojo, en la hoguera, y, cargando sobre sus espaldas al Sr. Diaz, salió con él a la calle. Inmediatamente se trasladó a la casa del Castillejo y se le hizo la primera cura, vendándole la herida de la cabeza: después, fue conducido a su casa; lo acostaron en el lecho, y los distinguidos profesores García Carrera, Pérez Andrés y Godoy hicieron un examen de su estado. Lo que se supo entonces fue horrible:el esternón y gran número de costillas estaban, más que rotos, totalmente triturados: la herida del cráneo era muy grave; además, el enfermo tenía por todo su cuerpo especialmente en las manos, quemaduras y contusiones. No había que pensar en la salvación; pero a fin de hacer menos rápido el desenlace, que amagaba por asfixia, el doctor García Carrera hubo de sangrar al herido inmediatamente, y los profesores Ocete, Pérez Andrés y Godoy, le colocaron una compresa en el tórax.
Todo esto alargó su vida hasta las cinco y cuarto de la tarde, en que hubo de espirar. El incendio, en el que todos y muy especialmente los señores Afán de Rivera y Salas, luciéronse acreedores al elogio, fue extinguido a las tres de la tarde. La casa de la esquina quedó en. alberca; el almacén inmediato también sufrió mucho: los dos edificios estaban asegurados: el primero por La Central; el segundo, por La Unión, y El Fénix.
He aquí ahora el parte oficial en que se refiere el siniestro: A las seis y media de la mañana de hoy, y en la calle de Capuchinas, número 13, almacén de ultramarinos de D. Eufrasio Briones, ha tenido lugar un horroroso incendio (el que se dice haber sido casual), empezando por dentro del referido almacén, y ardiendo todo el edificio.
Por consecuencia de este incidente, hay que lamentar las sensibles desgracias personales del arquitecto municipal D. Cecilio Diaz Losada, herido gravemente en la cabeza y el pecho, el que, según opinión de diferentes facultativos que lo han visitado en su casa; ofrece pocas esperanzas de vida, y la de los bomberos Manuel Beltrán, Diego Linares y Martínez Domínguez, heridos levemente, los dos primeros en la cabeza y el último en una mano, los cuales, con la mayor abnegación, han continuado trabajando hasta la extinción del fuego, que aunque no por completo, ha terminado a las diez de la mañana.
Las pérdidas materiales hasta esta hora no pueden apreciarse. El juzgado de primera instancia del Sagrario se constituyó en el sitio del siniestro, é instruye las correspondientes diligencias. El jefe de orden público con cuatro guardias fue el primero que se personó en dicho punto. Después llegó el Sr. Alcalde, Gobernador y demás autoridades. El cuerpo de Bomberos, digno del mayor elogio, como siempre, se ha distinguido. inmediatamente, y los profesores Ocete, Pérez Andrés y Godoy, le colocaron una compresa en el tórax. Todo esto alargó su vida hasta las cinco y cuarto de la tarde, en que hubo de expirar.
Un deber de conciencia.
El señor Arquitecto municipal ha pasado a mejor vida como un héroe, sacrificándose en bien de sus semejantes: su memoria es digna de ser honrada por todos los granadinos. El arquitecto municipal, según nos dicen, no era rico, su familia queda en lamentable abandono. Si esto es así, el Municipio se halla en el inexcusable deber de otorgar pensión a la esposa y a los hijos de aquel hombre, ya que murió en la defensa de los intereses de Granada, muéstrese esta generosa y dé cabida en su pecho al noble sentimiento de la gratitud.
Alocución.
La dirigida ayer, por don Antonio Afán de Rivera, a los Zapadores, después del incendio, fue como sigue: “Zapadores: Hoy no puedo hablaros con entusiasmo, como otras veces lo hice para elogiar vuestro valor, que siempre es heroico: un profundo pesar embarga mi alma, el mismo que causa vuestra notoria tristeza en este momento: estamos a punto de perder, sacrificado en aras de la filantropía, yo a mi querido y apreciable amigo, vosotros a un antiguo y celosísimo jefe. Si deja de existir ese mártir del arrojo, espero que todos concurráis aquí inmediatamente, para acordar el tributo de amor y respeto que hemos de ofrecerle.
También vosotros habéis derramado hoy vuestra sangre. Estad satisfechos, heroicos Zapadores, porque cada gota que vierten vuestras venas, acrecienta la admiración con que el pueblo os elogia y os bendice; porque la vertéis por socorrer a vuestros hermanos. Pero a pesar de ello, quiero haceros una súplica: por Dios que no arriesguéis de esa manera la preciosa vida; basta de temerarios arrojos, podéis, sin comprometeros, prestar grandes servicios: el público ya os conoce y ensalza vuestro proceder. Es cuanto tenía que deciros”.
La víctima del incendio.
Antes de morir, recibió, como buen católico que era el señor Díaz Losada, los Santos Sacramentos. Numerosa muchedumbre, entre la que fue el colegio de niños que dirige don Felipe Ávila, acompañó al Viático.
El Entierro. Hoy a las tres de la tarde se verificará el entierro del cadáver del señor Diaz Losada. El ataúd será conducido por varios bomberos de la escuadra de gastadores que así lo han solicitado. Un concejal, un subjefe del Cuerpo de bomberos, un arquitecto y un amigo de la casa llevarán las cuatro cintas negras del féretro. El Ayuntamiento presidirá duelo.
Turnos.
Para prestar con eficacia y exactitud el servicio sanitario en el incendio de ayer, establecieron los médicos los siguientes turnos: de diez a una de la tarde, señor Simancas; de una a cuatro, señor Molina; de cuatro a siete, señor Delgado; de siete a diez de la noche, señor Águila Castro; de diez a una de la madrugada, señor Ocete; de una a cuatro, señor Palomares; de cuatro a siete, señor Jiménez, y de siete a diez, señor Calvo Flores.
Al menos espero que os resulte curioso e interesante. A mi cuando lo encontré, me pareció fascinante y penoso al mismo tiempo.
Por cierto, aquí no hay nadie obligado, si no os gusta lo que hago, sinceramente es mejor que os vayáis, han sido meses de trabajo precioso, buscando solo un reconocimiento a una persona que hay dejado en Granada, muchas huellas, que hoy persisten.