06/10/2026
Hace mucho que no me tomaba fotos en las que realmente me sintiera yo…
Sentía que había quedado muy lejos aquella época en la que Fran me miraba, estuviera donde estuviera, y yo brillaba en cada fotografía. Claro que, con un alma tan maravillosa reflejándose en sus ojos, era imposible no mirarlo y sentirse un poco mágica.
Pero pasaron los años. Pasaron muchas cosas: pérdidas de peso, ojeras, dolor, lágrimas… y, sobre todo, fui perdiendo partes de mí. Perdí de vista quién quería ser y el lugar en el que alguna vez me sentí a salvo.
Durante mucho tiempo pensé que tenía que recuperarme, como si algún día pudiera volver a ser la de antes. Pero hay dolores que no se curan del todo. El duelo no desaparece; se aprende a vivir. Y yo tampoco volveré a ser la misma.
Ya no están esos ojos que me miraban y hacían que todo tintineara. Una parte de mí se fue con él y, es parte de mi historia.
Todavía sigo caminando.
Han pasado cuatro años y, hace un par de días, mi amiga me tomó unas fotos, simplemente para enseñarle algunas técnicas de fotografía.
Cuando volvimos a casa y las vi en el ordenador, reconocí algo que creía haber perdido: una chispa. Una luz pequeña, pero familiar.
No era la misma de antes. Yo tampoco lo soy.
Pero quizá no se trata de volver a ser quien fui, sino de aprender a mirar a quien soy ahora y reconocerla, con todo lo que ha vivido y todo lo que aún está aprendiendo.
Poco a poco, estoy encendiendo mi luz.
Y aunque nunca volverá a ser la misma, estoy aprendiendo, una vez más, a brillar. 🤍