15/05/2026
Andamos estos días trabajando en varios frentes, dando saltos de uno a otro, buscando la hora en que la inspiración parezca dispuesta a quedarse, por fin, en alguno de ellos. Aún no se ha dado el caso. Son proyectos de temas tan dispares como la Semana Santa, el modernismo, la Cuaresma y una colaboración con Pepe Sánchez Conesa, "𝗘𝗹 𝗧𝗶́𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗦𝗮𝗰𝗼", que nos hace especial ilusión.
Precisamente dando vueltas a este último asunto, se me ocurrió buscar cierta información en algunos de los libros que guardo en la biblioteca de mi despacho. Esos que están en un lugar especial, a la vista de pocos. Y allí estaba, en su sitio de costumbre, con sus noventa y seis años ya amarilleando las páginas. "𝗛𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗖𝗮𝗿𝘁𝗮𝗴𝗲𝗻𝗮", 𝗱𝗲 𝗙𝗲𝗱𝗲𝗿𝗶𝗰𝗼 𝗖𝗮𝘀𝗮𝗹 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻𝗲𝘇. Una de esas herencias familiares que conservo con especial cariño, que me ha proporcionado horas de buena lectura, muchos paseos por el centro de Cartagena cámara en mano, y que ha construido en mi imaginación un mundo entero, un decorado lleno de historias, para trabajos fotográficos ya realizados y otros que aguardan siempre en la puerta de salida, dispuestos a estallar tan pronto se den las condiciones favorables.
El libro perteneció al hermano de mi abuelo paterno. Ignoro si a él le llegó por herencia o lo adquirió personalmente. Lo cierto es que durante muchos años mi padre y él estuvieron negociando con el libro, siempre entre bromas, siempre como tema de conversación, sin que pasara un solo día que, estando en casa del tío Pepe, no surgiera aquel asunto. El tío Pepe enfermó. Un problema renal grave lo llevó a larguísimas sesiones de diálisis y a una vida que fue perdiendo calidad día a día. Con el tiempo, y tras muchos padecimientos, el tío Pepe falleció. Entonces su hijo, Bernardo, llamó a mi padre para hacerle entrega del libro. Parece ser que entre las últimas voluntades de don 𝗝𝗼𝘀𝗲́ 𝗚𝗶𝗿𝗼́ estaba esta: que mi padre fuese poseedor de aquel libro que tanta conversación y tan pintorescas negociaciones había dado.
Hoy mi padre aún vive, y que sea por muchos años. Pero al salir yo de casa, hice acopio de toda la librería familiar, con todos los permisos. La única condición fue que el libro nunca saliera de casa, nunca fuera prestado, siempre estaría dentro de casa. Y hoy en día este ejemplar sigue sus días en mi despacho, tras de mí, muy cerquita, junto a otros compañeros de viaje, muchos mayores que él y todos con ese olor a libro antiguo pero sabiduría nueva. Se está perdiendo el vivir rodeado de libros, de fotografía y arte en las paredes, y el olor a melancolía al abrir un libro lleno de la historia de Cartagena.
𝗛𝗜𝗦𝗧𝗢𝗥𝗜𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗦 𝗖𝗔𝗟𝗟𝗘𝗦 𝗗𝗘 𝗖𝗔𝗥𝗧𝗔𝗚𝗘𝗡𝗔 / 𝗙𝗘𝗗𝗘𝗥𝗜𝗖𝗢 𝗖𝗔𝗦𝗔𝗟 𝗠𝗔𝗥𝗧𝗜́𝗡𝗘𝗭 / 𝗖𝗥𝗢𝗡𝗜𝗦𝗧𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗖𝗜𝗨𝗗𝗔𝗗 𝗗𝗘 𝗖𝗔𝗥𝗧𝗔𝗚𝗘𝗡𝗔 / 𝗜𝗠𝗣. 𝗩𝗱𝗮. 𝗱𝗲 𝗠. 𝗖𝗮𝗿𝗿𝗲𝗻̃𝗼 / 𝗔𝗻̃𝗼 𝟭𝟵𝟯𝟬.
Senda de lobos Ana Romero Tovar Joaquin Giró