23/06/2026
Esta semana ha sido… intensa.
Estaba trabajando en el estudio cuando mi cámara principal sufrió un golpe.
Mi queridísimo 24-70mm f/2.8 dejó de ser zoom. Inservible. Y con una boda a la vista.
En medio del caos, la confusión y los nervios, apareció una luz:
Soy una persona a la que le cuesta pedir ayuda, favores o incluso admitir que necesita una mano.
Pero recordé el servicio de préstamo de Nikon, del que supe por email y gracias a Javier durante el evento Sugar&Kids en Ávila.
En aquel evento me acerqué al stand —cosa rara en mí— y charlamos.
Me dijeron: “Si algún día quieres probar una cámara o tienes un problema, estamos para ayudarte”.
Me costó, pero lo hice.
Y mientras escribía el email pensaba: “¿Cómo me van a dejar a mí el equipo? Si no soy nadie…”.
Pues sí, lo soy.
Soy desde hace más de 20 años.
Soy Nikonista cuando necesito contar la historia de una pareja, cuando ayudo a una marca a dar visibilidad a su producto, cuando capturo los primeros recuerdos de un bebé…
Soy Nikonista porque mi trabajo depende de herramientas que no me fallen.
Y esta vez, necesitaba ayuda.
Nikon se portó de 10. Me han cedido una Z8 y un 24-120mm para poder seguir trabajando, y estoy muy agradecida por la rapidez y el apoyo.
Cuando una marca confía en tu trabajo y te respalda en los momentos complicados, se nota.
En los próximos días compartiré resultados con este equipo.
Y tu, has tenido alguna experiencia similar?
Te leo😘
¿Sobre el seguro?… ya hablaremos.
Digamos que toca tomar decisiones.