06/05/2026
Hay fotografías que no envejecen, solo esperan.
En 2006, la luz se quedó a vivir en una mirada pequeña,
en unos ojos que aún no sabían todo lo que iban a sostener.
La película guardó ese instante como quien esconde un secreto:
una infancia detenida,
una sonrisa sin historia.
Hoy, el tiempo ha cumplido su promesa.
Esa niña camina con pasos propios, lleva en sus manos otros juegos, y en su voz, nuevas risas que acompañan.
Y sin embargo…
si uno mira despacio,
en lo profundo de sus ojos
sigue latiendo aquella tarde.
Porque el tiempo no borra,
solo transforma.
Y hay miradas que crecen,
pero nunca se van.