31/10/2026
Hoy se cumplen 90 años del bombardeo de La Sauceda, un episodio de la Guerra Civil que forma parte de la violencia ejercida contra la población que buscaba refugio en las sierras entre Cádiz y Málaga.
Hay lugares donde la naturaleza parece haber recuperado todo lo que un día le arrebataron. Los árboles vuelven a crecer, los arroyos siguen su camino y el bosque cubre las heridas de la tierra. Pero hay heridas que no desaparecen bajo la vegetación. En el valle de La Sauceda, el paisaje conserva la memoria de una tragedia silenciada durante décadas.
En el verano de 1936, tras la sublevación militar contra la Segunda República, La Sauceda se convirtió en refugio de numerosas personas que huían del avance de las tropas sublevadas. Entre montañas y bosques resistió hasta que, a finales de octubre y comienzos de noviembre, una ofensiva militar acabó con aquel último foco de resistencia. La aldea fue bombardeada, ocupada y arrasada.
Para muchos supervivientes, lo peor estaba aún por llegar. En el cercano cortijo de El Marrufo fueron recluidos hombres, mujeres y niños. Allí hubo interrogatorios, torturas, fusilamientos, humillaciones y miedo. Quienes eran considerados defensores de la legalidad republicana fueron perseguidos y asesinados sin juicio. El número exacto de víctimas sigue sin conocerse, pero fueron muchas.
La ofensiva contó con apoyo de la aviación sublevada y, según diversas investigaciones y testimonios, con participación de medios aéreos alemanes. Aquellos ataques forman parte de una guerra en la que la aviación comenzó a emplearse también para aterrorizar a la población civil. Meses después, el 26 de abril de 1937, la Legión Cóndor bombardearía Guernica. No puede afirmarse que La Sauceda fuera un ensayo directo de aquel ataque, pero sí que, mucho antes, la población civil ya pagaba un precio terrible por una guerra infame.
Durante décadas, el bosque cubrió las ruinas, pero no el recuerdo en quienes hemos pasado tantas y tantas veces por ahí.