07/04/2024
La psicología tiende a olvidar que la psique no es sólo el movimiento del cuerpo, sino también su forma; por ello, nos hemos visto obligados a ver el sueño como una narración continua (y no como una imagen) y a ver el alma en proceso de crecimiento (más que como una esencia que se revela). Hemos perdido la forma real en favor de la transformación, desatendiendo la fisonomía de lo que existe, el cosmos como rostro cosmético.
Las reacciones estéticas son respuestas a este rostro, y la responsabilidad moral comienza con esas respuestas de disgusto, placer, repugnancia, atracción: el juicio espontáneo del corazón. «Corazón, instinto, principio», decía Pascal. Debemos confiar en la áisthēsis, en el sentido del corazón, pues de lo contrario, cambiaremos de naturaleza.
Lo «general» y lo «uniforme» se realizan en el pensamiento antes que en la calle. Se realizan en el pensamiento cuando perdemos el contacto con nuestros reflejos estéticos, cuando el corazón deja de conmoverse. El reflejo estético no es sólo esteticismo desinteresado: es nuestra propia supervivencia. Cuando estamos aburridos, hastiados, an-estesiados, estas emociones de desolación constituyen precisamente las reacciones del corazón a la vida anestésica de nuestra civilización, a los sucesos que no nos dejan sin aliento, que son mera banalidad.
Lo feo es entonces todo aquello de lo que no nos damos cuenta, aquello que simplemente nos aburre, pues eso es lo que mata al corazón. Nuestra salvación está en Afrodita, y nuestra forma de descubrirla está en la enfermedad de su ausencia.
James Hillman, El pensamiento del corazón.