30/09/2024
Hay algo extraño en las sesiones de fotos familiares 👀. No sé si es la emoción del momento, el brillo en los ojos de los padres o el hecho de que siempre me recuerdan a una serie de situaciones en mi propia vida. Pero hay algo particular que siempre me hace detenerme un momento y pensar: “Wow, todo esto es un ciclo”.
Recuerdo cuando me convertí en papá, y no voy a mentir, fue un caos. Uno de esos que ni siquiera una carrera de psicología te prepara para manejar del todo. Puedes leer todos los libros y todos los cursos, pero cuando tu bebé te mira por primera vez, todo ese conocimiento te abandona. Es como si la vida dijera: “Ah, ¿creías que estabas listo? Pues, sorpresa” 😅.
Ahora, cada vez que veo a una pareja emocionada esperando a su bebé, no puedo evitar pensar en ese caos inicial. Y mientras me muevo con la cámara, buscando el ángulo perfecto, siempre me llega ese pensamiento: esta pareja aún no sabe lo que les espera. Pero, por supuesto, no se los digo. No quiero arruinarles la sorpresa (y honestamente, el viaje lo vale).
Así que ahí estoy, viendo cómo se abrazan, cómo ríen nerviosos, cómo posan con esa felicidad que solo los futuros padres tienen. Y yo, detrás de la cámara, con una sonrisa pequeña, pensando en cómo todo ese amor y emoción se va a transformar en algo mucho más profundo y complejo 🥹.
Y al final, esa es mi misión aquí. Capturar ese momento justo antes del caos. El instante en el que aún todo parece perfecto, brillante y lleno de promesas. Es hermoso, pero también es solo el principio. Y lo mejor de todo: sé que, al final del día, van a mirar esa foto y entenderán exactamente lo que quise decir ❤️.