27/08/2026
Hay sesiones que se recuerdan porque pasó algo inesperado.
Y después están esas sesiones en las que, sencillamente, todo sale bien.
Esta fue una de esas.
Ella tenía apenas un añito y cuando llegó parecía una muñequita. De esas niñas que uno mira y piensa: “¿Pero esto es de verdad?”.
Yo estaba preparada para hacerle mil gracias, sacarle sonrisas, entretenerla, buscar sus gestos más bonitos…
Pero creo que nos equivocamos de plan.
Porque esta vez, la que nos hacía gracia era ella a nosotros.
En un momento se quedaba con su cabecita inclinada hacia un ladito, con una expresión que parecía decir: “¿Y ustedes qué están haciendo?”.
Y después venía con otra cara completamente diferente, como si estuviera a punto de asustarnos.
Yo detrás de la cámara intentando mantener la compostura, mientras todos alrededor terminábamos riéndonos de sus ocurrencias.
Y así, entre una pose y otra, la pequeña fue haciendo de las suyas y nosotros simplemente nos dejamos llevar. Porque hay niños que posan para la cámara… y hay otros que parecen saber exactamente cómo conquistarla.
Y esta pequeña definitivamente sabía cómo hacerlo.
Porque sí, la sesión fue perfecta.
Pero ella…
ella fue el espectáculo.
Y yo me quedé enamorada.
De la sesión, de sus fotos y, sobre todo, de esa pequeña muñequita que, sin proponérselo, terminó haciéndonos la sesión a nosotros.